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Clos du Mesnil 2000, un champagne muy especial

Juan Luis Recio 31 Mar 2012 - 15:28 CET
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Es la esmeralda del jardín, se dice, y en cualquier caso es uno de los champagnes más especiales y apreciados del mundo, que se produce exclusivamente con uvas procedentes de una de las parcelas más pequeñas y curiosas de la propiedad. Se trata del Clos du Mesnil 2000 que vuelve a poner de manifiesto el savoir-faire de la Maison más laureada del mundo del champagne.

Krug Clos du Mesnil nace en un pequeño y centenario jardín vallado de tan solo 1,84 hectáreas situado en el corazón del pueblo de Mesnil-sur-Oger, uno de los más renombrados de la región de Champagne. Para poder preservar su estilo y sabor incomparable, la Maison Krug selecciona las mejores y más exquisitas uvas de este singular jardín.

El resultado es que Krug Clos du Mesnil es único en todos los sentidos. Es la excepción a la regla del “assemblage” de Krug: producto de una sola cepa, una sola añada y un solo viñedo histórico; es capaz de ofrecer una nueva dimensión de la pureza nítida de la chardonnay.

Los muros de este pequeño jardín han logrado proteger unas uvas maduras del fuerte granizo que devastó gran parte del pueblo Mesnil-sur-Oger. De esas excepcionales e irrepetibles uvas nació Krug Clos du Mesnil 2000, un inconfundible y elegante chardonnay. Krug Clos du Mesnil 2000 es la última cosecha del anterior milenio, después de la exitosa década de los años 90 y el reflejo de la incomparable capacidad de la Maison para sorprender y deleitar con la calidad de esta añada. La pureza de la chardonnay y los aromas minerales de este pequeño jardín se equilibran con un sugerente gusto a miel, característica particular de este champagne, siendo un preludio de frescura que palpita en el paladar y seduce a los sentidos.

La familia Krug adquirió el Clos du Mesnil en 1971 con la compra de un total de seis hectáreas de excelentes viñedos. Lo que encontraron fue un hermoso viñedo de 1,85 hectáreas que databa de 1698, según constaba en una placa en uno de sus muros.

En la época de su adquisición, el Clos du Mesnil había estado descuidado durante años. Los Krug decidieron restaurar la gloria de la «parcela jardín» volviendo a plantarla con viñedos de chardonnay. La solución más fácil habría sido replantar todo el viñedo de una vez, pero Henri Krug decidió plantar las vides por etapas, sabiendo que un champagne tiene más carácter cuando se elabora con uvas recolectadas de viñas de edades diferentes.

El viñedo se replantó secretamente durante ocho años y la primera cosecha no se llevó a cabo hasta 1979. Cuando se probó el vino, su sabor se reveló tan sobresaliente que los Krug decidieron incumplir sus propias reglas: no habría mezcla, una decisión difícil que se ha visto ampliamente justificada por la exquisita calidad de este único ingrediente.

Como el nuevo champagne era en muchos aspectos tan distinto de los otros, los hermanos Krug no sabían muy bien cómo comercializarlo. Enviaron unas primeras botellas a un amigo en Australia que reunió a un grupo de respetados críticos de vinos para una cata ciega informal y pidió a uno de los periodistas que describiera lo que tenía en su copa. El periodista subrayó que era algo que nunca antes había probado, pero acabó concediendo que, si tuviera que identificarlo, diría que «debe ser algo realizado por los Krug«. Al oír esto, Henri y Rémi Krug no dudaron en llamar a este champagne excepcional Krug Clos du Mesnil.

Solo un pero: el PVP recomendado es de 653,54 €

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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