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La obesidad a juicio: 4 causas de más de 3,4 millones de muertes

Juan Luis Recio 22 May 2015 - 09:30 CET
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Con motivo del Día Europeo de la Obesidad el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) organizó una semana dedicada a la obesidad e invita a reflexionar sobre las causas sociales que originan el problema. Y es que el problema es grande ya que se calcula que el 29 por ciento de la población mundial tiene exceso de peso. Más del 50% de los 671 millones de obesos viven en diez países, entre ellos Estados Unidos, Alemania, Rusia y China.

Y en concreto es curioso destacar que Gran Bretaña tiene las tasas de obesidad más altas en Europa: el 67% de los hombres y el 58% de las mujeres muestra sobrepeso u obesidad. Una cifra a la que se acerca España, donde de cada 100 adultos 17 padecen obesidad y 37 sobrepeso. Y otro dato a tener en cuenta es que en los países desarrollados los hombres son más propensos que las mujeres a reportar niveles de obesidad, excepto en Austria, Bélgica, Chile, Eslovaquia y Francia.

Pues bien, ante este panorama y con motivo del Día Europeo de la Obesidad, les decía que el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) organizó una semana dedicada precisamente a la obesidad. Durante su transcurso, el IMEO ofrece hasta hoy de forma gratuita 30 estudios de Perfil de Obesidad que consisten en un análisis metabólico personalizado, completado por un estudio emocional y hormonal completo. A estas pruebas, valoradas en 350 euros, pueden acceder sólo personas con obesidad que reserven su cita en el teléfono 91 737 70 70.

«Hoy en día sabemos que las personas severamente obesas viven diez años menos que las de peso normal y que cada quince kilos extras aumenta el riesgo de muerte temprana en un 30 por ciento», recalca Rubén Bravo, experto en el tema y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad. Hace falta una estrategia organizada para erradicar el problema para que no se cumplan los más negros pronósticos, tanto «desde arriba», a nivel institucional y a través de los organismos públicos y privados, como «desde abajo», utilizando la conciencia y los conocimientos de la propia sociedad por el bien de su salud.

Hace tiempo que la obesidad dejó de ser un «problema ajeno» para convertirse en un asunto de índole social que arrasa tanto en países con escasos recursos económicos, como en grandes potencias. «Cuando hablamos de tales niveles de pandemia, habrá que mirar más allá del individuo y llegar a fondo de la causa, en gran parte resultado de las fallidas políticas económicas, sociales y alimentarias que afronta la sociedad actual», sostiene Bravo.

Pero veamos cuáles son esos cuatro pilares de la obesidad que el IMEO nos propone llevar a juicio:

1. Una mala dieta rica en azúcar.
¿Suele leer la etiqueta con la información nutricional de cada producto que entra en su cesta de la compra? Allí se ve bien claro que todo o casi todo contiene azúcar, es un suma y sigue. Por ejemplo, una loncha de pavo de 0% grasa tiene 0,5 gr de azúcar, igual que una tostada de pan; 100 gramos de salchichas de pavo 1,8 gr; un yogur desnatado, 4 gr; 45 gr de cereales, 14 gr; una barra de chocolate infantil de 100 gr contiene 55 gr de azúcar… Según la OMS consumimos más azúcar de lo que debemos. Hablamos del azúcar refinado, la glucosa y la fructosa y no del azúcar contenido de forma natural en frutas y verduras. Para el año 2012 el consumo de azúcar anual per cápita en el mundo era de 24,6 kilos de media, es decir unos 66 gr diarios, aunque hay quien estima que en los países desarrollados esta cantidad roza los 100 gr diarios. Según la OMS, el azúcar ingerido no debe aportar más del 10% de las calorías diarias, es decir 50 gr para los adultos y hasta 37 gr para los niños, aunque por el bien de la salud, los expertos recomiendan no sobrepasar los 25 gr. «Esta cantidad equivale a 6 cucharaditas de azúcar contenidas en una lata de refresco endulzado», apunta Bravo. En este sentido debemos tener cuidado no con el azúcar que añadimos a nuestra comida, sino el que ya contienen «escondido» los alimentos envasados que compramos en el supermercado.

2. Sedentarismo = muchas horas de trabajo + falta de sueño reparador + inactividad física + estrés + cenas tardías.
«No se trata de un concepto abstracto, sino de la suma de una serie de hábitos o condiciones que, a la larga conducen a obesidad», apunta el experto. En España, además, tenemos el inconveniente de una jornada laboral muy poco saludable -con horarios partidos de 9 a 14 y de 15 a 20 horas- y cenas muy tardías que difícilmente encajan en un estilo de vida saludable. Es un error pensar que la obesidad es cosa de amas de casa o personas en el paro. Un estudio epidemiológico apunta que más de la mitad de los trabajadores del estado español sufren sobrepeso u obesidad. Está demostrado que jornadas laborales excesivamente largas fomentan la depresión, el estrés y el mal dormir, además de aumentar el 60% el riesgo de sufrir un padecimiento cardiaco. Dormir menos de 7 horas o tener sueño de poca calidad es otro factor que tiene relación directa con la obesidad. Por un lado, afecta a los niveles de energía a lo largo del día, incide en la falta de ganas para hacer ejercicio y nos induce a comer ciertos alimentos, como café, dulces o hidratos de carbono, porque nos proporcionan energía rápida, aunque temporal. Por otro lado, la falta de sueño ralentiza el metabolismo y aumenta los niveles de ghrelina, hormona que no sólo estimula el apetito, sino que también favorece la acumulación de lípidos en forma de grasa visceral, aquella que se sitúa en la zona abdominal y tiene más riesgo cardiovascular. «Debemos apostar por realizar cambios que nos permitan llevar una vida saludable, con una alimentación adecuada y actividad física diaria –preferiblemente por la mañana, porque el ejercicio a primera hora activa el metabolismo y ayuda a quemar más calorías a lo largo de la jornada–; esto nos ayudará a lograr un bienestar emocional sin ansiedad, ni estrés», resume Bravo. La actividad física recomendada por la OMS para adultos de 18 a 64 años es entre 2,5 horas y 5 horas semanales (ejercicios aeróbicos, de intensidad moderada).

3. No buscar ayuda profesional y decantarse por métodos milagrosos con alto riesgo de efecto rebote.
Cuando hay un problema de salud, debe ser diagnosticado por los profesionales, y no con automedicación o dietas milagrosas con posterior efecto rebote. No acudir a un especialista es un error capital y a medida que pasa el tiempo, el problema se hace más grande y la solución está cada vez más lejos. Hoy en día existe un amplio abanico de soluciones, diagnósticos precisos, tratamiento multidisciplinar y grados de cirugía aplicadas a la obesidad con atención personalizada. «Con la ayuda de la tecnología médica podemos determinar con precisión las hormonas del paciente, su estado emocional, sus hábitos alimenticios, su metabolismo basal y hasta sus polimorfismos genéticos, es decir las mutaciones en los genes relacionados con obesidad, todo esto nos permite proponer recomendaciones dietéticas adecuadas a cada individuo», apostilla el portavoz del IMEO.

4. Falta de costumbre de cocinar y cultura nutricional pobre.
Los obesos de ahora están creando gran numero de obesos para el futuro. Lo confirman las estadísticas con el disparo de la obesidad infantil en las últimas décadas. «Tenemos suficientes razones para creer que los jóvenes de hoy serán la primera generación que no sobrepasará la edad de sus padres, debido a enfermedades cardiovasculares y la diabetes», afirma Bravo. Es el triste legado que dejaremos a nuestros hijos, al no inculcarles desde edades más tempranas los conceptos básicos de la nutrición. Los padres tienen la responsabilidad de enseñar a los pequeños que en casa es donde mejor se come, y no en los establecimientos de comida rápida. Y la mejor forma de enseñar es dando ejemplo.

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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