El artista Iván Larrea ha realizado un instrumento de riscos accionado por el viento, según relata en un artículo para Viajes24horas.com que ha elaborado Mercedes Sánchez Sánchez y que nos ha llegado para su difusión. debido a su interés optamos por exponer aquí un avance del mismo con la información que nos ha facilitado el propio artista. Aquí va:
Piedras que hablan y de las que emergen deliciosas melodías musicales. Un sueño hecho realidad en una soberbia, espléndida, majestuosa, singular y en el futuro colosal obra del artista Iván Larrea Bellod. Y es que todos en algún momento hemos hecho volar nuestra imaginación, nos ha gustado fantasear y jugar mentalmente con cosas imposibles; muchos al menos en la niñez incluso soñamos con montañas y rocas que hablaban, o de donde salían músicas celestiales. Ahora el sueño se ha cumplido. Por primera vez en la historia y en el mundo, Iván Larrea ha realizado un instrumento de riscos accionado por el viento con el que se puede interpretar todo tipo de música elaborada, clásica o contemporánea (desde el barroco de Juan Sebastián Bach hasta el rock sinfónico de Génesis, por poner solo un par de ejemplos). Y no solo eso, también con él es posible reproducir la voz humana desde los registros más graves a los más agudos.
Para ello Larrea ha tenido que estrujar la naturaleza hasta lograr que las piedras hablen, canten, lloren, giman, o emitan música de cualquier género y hacer de esas rocas un lugar sagrado para el espíritu. Estamos ante un monumento musical, concebido por su autor como “una montaña sinfónica de rocas”, que funciona a modo de un órgano pero que va más allá. Básicamente son piedras naturales que, respetando su forma externa, Iván Larrea vacía y las hace sonar con el viento, pero no de cualquier manera, sino para interpretar música y para que hable. Es decir, no se trata de sacar unos sonidos aleatorios cualesquiera. Cada una de esas rocas vaciadas, el artista los convierte en una nota de la escala musical. Y el resultado es impresionante: un órgano de piedra, con varias innovaciones considerables. Además de ser la primera persona que usa la piedra como material para la fabricación de un instrumento de esta envergadura y complejidad, nadie antes había hecho tubos sonoros de órgano vaciados manteniendo la forma exterior de la roca.
El proceso para que una roca se convierta en una nota de la escala musical, no es nada fácil. Iván Larrea Bellod no las vacía sin más. Primero busca las que se adecúen mejor al tamaño que necesita según la nota que quiere conseguir. Después las ahueca con diferentes técnicas de perforación, de corte, de picoteado y con procesos de cantería tradicional, pero a la vez utilizando avanzadas tecnologías con herramientas adiamantadas refrigeradas con agua y complejos programas informáticos para el cálculo en las medidas logarítmicas que la longitud de onda de cada nota/roca requiere.
Y luego tiene que dar el tono, hacer la embocadura, igualmente con una exactitud milimétrica, para que suene bien. Aquí una vez más Larrea soluciona los retos que el material pétreo le presenta: normalmente el labio inferior de la embocadura de un tubo de órgano (una pieza fundamental para su sonido) va atornillado, clavado o pegado, pero en este caso, como son rocas volumétricas masivas bastante pesadas, ha optado por sujetarlo con su propio peso, en una protuberancia a modo de ménsula que hace en la pared interna de cada risco sonoro. Es sólo una de las muchas innovaciones que Iván Larrea ha desarrollado durante los casi 40 años en los que lleva ejerciendo su actividad artística en monumentos y órganos de piedra.
Es decir, a pesar de verse muy rústicos, estos elementos sonoros de rocas musicales acarrean un trabajo de alta precisión que tiene que estar muy bien hecho, porque si no, no suena nada. Para que cada roca sea una nota, tiene que tener unos parámetros perfectos tanto en el vaciado de longitud y de anchura, como en los elementos de la embocadura con la que se consigue el tono musical, de manera que cada nota es una piedra rocosa, y cada una de ellas distinta con las medidas de todos sus componentes diferentes por dentro para cada risco-tubo. Nada puede dejarse al azar, todo debe hacerse con minuciosidad de manera muy precisa para que funcione. Por el momento ha terminado 54 rocas sonoras equivalentes a los 54 tubos del registro tapado de órgano “violón” que en este caso Larrea llama “cueva profundis”. Y ha elegido hacer primero este tipo de registro porque aparte de interpretar música, por su número de armónicos, es el más adecuado para poder reproducir la voz humana.
Además, en un futuro incorporará IA, para lograr una posibilidad más de interactuación con quienes lo visiten, haciendo que cualquiera pueda preguntar cosas y que el instrumento-montaña responda palabras de cualquier lengua con la voz del sonido natural que surge de sus entrañas, gracias a esta obra que Iván Larrea Bellod nos proporciona. ¿Cómo? Sin altavoces, con una técnica compositiva por él mismo desarrollada con varios programas informáticos mediante los que ha logrado transformar la voz humana en una composición de notas, que pueden ser interpretadas con este órgano-roca al igual que interpreta cualquier partitura musical. Es una alternativa más, pero lo esencial está sobradamente logrado. Escuchar los sonidos de este novedoso instrumento nos acerca a la Naturaleza en su estado más puro y de una manera nueva, para explorar por primera vez la música y las voces de las piedras agrestes y de las montañas.
Otra peculiaridad de esta obra musical es que es ampliable infinitamente. Larrea pretende construir una montaña sinfónica de rocas aumentando cuantos más registros de 54 notas mejor… Por el momento ya está empezando con otro más grave como la Octava, y después llegarán la Quincena, la Decena, o el Lleno. Cualquier música elaborada ya se puede interpretar con el registro que ha construido pero si hace otros, más graves o más agudos, se enriquecerá, Porque como él dice “como poder se puede tocar todo ya ahí, pero según haya más registros o no, cambia el sonido, la potencia, la intensidad y el timbre”.
Hay más: cada roca musical es también una escultura sonora y el diseño en su conjunto, con esas formas montañosas, un homenaje y nunca mejor dicho, un cántico a la Naturaleza. La obra de Iván Larrea nos permite poder escuchar por primera vez de verdad la música de las piedras, y sumergirnos en el sonido de voces nuevo, misterioso, dulce o profundo, que hay en ellas. Las formas podrán variar según el lugar donde se haga el montaje para su exposición y siempre con el gran atractivo de que el viento al atravesar estas rocas-notas musicales produce bellos sonidos.
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