Una televisión local ha emitido esta tarde durante un montón de minutos los goles de Messi en el Barcelona. Se me ha antojado un auténtico festival. Una tras otra se sucedían las dianas. Bellos goles medio olvidados reverdecían laureles en la memoria. En resumen: una asombrosa gama de tantos, de regates de ensueño. Como si de un videojuego se tratase.
Hemos tenido en Barcelona un ensrme privilegio con este jugador. Verle crecer y deslumbrar. En mi caso, verle precalentarse justo delante mío, en la tribuna del Nou Camp, con esos toques largos y reiterados normalmente con Alves como pareja.
Cuánto talento en esa figura diminuta, zigzagueante, eléctrica y de sonrisa feliz tras meter el enésimo gol.