He visitado con regocijo las cavas de la firma MontMarçal en la vinícola comarca catalana del Penedés. Embriagadores anfitriones doña Blanca, la directora general, y su pulcro séquito de trabajadores comprometidos en brindar al mercado cavas de los que crean afición.
Las bodegas (de tamaño medio) merecen ser visitadas, ruinas románicas rehabilitadas incluidas, tales como la sorprendente cisterna como fondo de un pozo antiguo que evoca aquella civilización antigua y principalísima en nuestros lares.
Recomiendo a mis lectores que prueben los cavas de MontMarçal (¡no se pierdan el rosado!) y hagan justicia a su buen sabor, recientemente descubierto por el exigente mercado japonés. Son consumidores que saben lo que es bueno.