Reivindica el periodista Andrés Aberasturi en «No es un día cualquiera» de Radio Nacional de España la pájara (o el bajón, la gripe recurrente, el desmoronamiento personal) como activador de la escritura. Lo puedo entender. Yo mismo tengo gratos recuerdos de mis gripes infantiles, días enteros inmerso en las sábanas, repleto el lecho de libros y la presencia de la radio y algún poema en tales circunstancias forjado.
Pero esta inclinación a la pájara tiene algo de perverso. De adolescente que no maduró. De onanismo emocional.
(Que cada uno haga lo que quiera pero lo estados de tristeza autoinducidos tienen algo de autocontemplación exacerbada y renuncia a la grandeza de lo que nos espera allí fuera. Con todo, aceptemos que puede ser un placer como otro cualquiera).