Es la edad que he cumplido recientemente, el 18-1-17: ni más ni menos que 58 años.
La cifra tiene la rotundidad de un autobús urbano. Me coloca (a mí y a mis coetáneos) en la condición (por redondeo al alza) de próximo sexagenario.
Eso en mi niñez hubiera equivalido a ser etiquetado de vejestorio. Pero no es ésta la percepción que siento de mí mismo. Me veo relativamente joven, de aspecto y de espíritu. Relativamente animoso y emprendedor. Unos días más que otros, empero. (Mucho más cuando hace menos frío).