Esto es lo que hay

Miguel Ángel Violán

Inmersión dominicana

Aterrizo en Santo Domingo en plena fiesta del Día de la Independencia. El malecón capitalino se llena de una muchedumbre que celebra el Carnaval a la vez que los militares desfilan, las cometas ondean y la calle se llena de desperdicios.

En mi privilegiada sexta planta del hotel Sheraton escribo desde una habitación enmoquetada a la vez que escucho las canciones suecas que me entonan y me hidrato con los botellines que gentilmente el hotel me ofrece como cortesía.

La temperatura exterior roza los 30 grados, la humedad es la de siempre, la ciudad se me antoja eternamente inacabada y el mar arroja un resplandor miserablemente oscuro mientras principian unos escuetos fuegos artificiales.

(Notas dispersas de merengue resuenan; me he zampado media gramática sueca en el vuelo Madrid-Santo Domingo; qué hospitalario este país que franquea la entrada a gente rara como yo).

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