Pronunciar el nombre en sueco de la ciudad sureña de Växjö es todo un reto. He pedido el auxilio de una joven cantante sueca especializada en fonética y emularla ha comportado que dejase el suelo perdido con un espumarajo. ¡Qué endiabladamente gutural!
De entrada pronunciar el sueco requiere perder el miedo al ridículo porque ciertamente tienen unos sonidos que para nosotros resultan, digamos, excéntricos (me imagino que ellos deben de pensar lo mismo de nuestra fonética). Pero son así. Es su patrimonio fonético y hay que estudiarlo a fondo para emularlo lo mejor posible. De lo contrario, ¡no te entienden!