Por momentos la temperatura en Estocolmo ha llegado a ser tórrida para los estándares suecos. Llegué ayer a la capital y deben de estar disfrutando de los días más cálidos del año con temperaturas superiores a los 25 grados (una bagatela, por cierto, comparado con el Mediterráneo y la actual ola de calor que experimenta, por ejemplo, Barcelona).
El calor y la luz tornan a esta ciudad preciosa con el añadido de la desbandada del fin de semana que deja la pulcra urbe a merced de visitantes como yo.
Mi hotel, el céntrico hotel/hostel «Generator» se puebla de jóvenes nómadas de todos los rincones que coinciden unas horas, comparten cervezas y wifi y proclaman lo contentos que están de haberse conocido. La Recepción es un continuo de entrada de nuevos huéspedes. Llegan a todas horas y todos pasan por caja antes de recibir asignación de habitación y litera.
¡Cómo ha cambiado la era digital el concepto de viaje! Ya no existe el desarraigo de mi época en que viajar era realmente desconectar de los tuyos. Ahora los móviles tienden un cordón umbilical, digital y permanente, que hace de los desplazamientos algo distinto, mucho menos impactante y, por supuesto, menos propiciador de la reflexión y el arrebato de nostalgia.
(En realidad no hay desconexión…a menos que falle el wifi)