(PD).- ¿Y ahora que hacemos con el cadáver de la economía? La cifra de desempleados que deja la EPA en el primer trimestre es mucho más que un alegato: es un testigo de cargo. Aquellos carismáticos políticos, renombrados economistas y omnipresentes periodistas que tanto predicaron, ahora no dan trigo.
La economía sostenible, la industria verde o el I+D+I no son ya el anhelo razonable de una época de bonanza: son el auténtico sarcasmo de unos días de resaca. La tasa de desempleo roza ya el 18%. Se han cumplido los negros augurios de algunos analistas hace 6 meses, que pronosticaban 4 millones de parados en Semana Santa.
Las estadísticas oficiales del ministerio del trabajo revelan que hay más de 1 millón de hogares que tienen a todos su miembros en paro. Casi el 7%. La causa hay que buscarla en las distintas reformas del sistema laboral que se han venido realizando desde 1991, dejando la cobertura de paro en su mínima expresión.
Sin contar que empresarios, autónomos y funcionarios no cobran desempleo, y que hay que “echar de comer a parte” a los prejubilados, el resto de la población activa asalariada se divide en dos grandes categorías: los que tienen derechos antiguos “blindados” y los que salen volando con cualquier ventisca económica.
En caso de paro, los primeros negocian jugosas prejubilaciones sin límite de edad; los segundos, quedan a la intemperie a los pocos meses. No parece que la cosa vaya a cambiar en breve. La CEOE, de Díaz Ferrán quiere negociar con los sindicatos mayoritarios un nuevo contrato de inserción laboral de dos años con 8 días de indemnización, frente a los 20 actuales. 168 euros por año trabajado en lugar de 420 euros. Muy mal ha de estar una empresa si su viabilidad depende de 252 euros al año.
El gobierno está asustado y tenso. La realidad del deterioro económico en España crece como la espuma, y ya se han gastado un saco entero de excusas y coartadas. Cada parado más que se suma a la larga cola del INEM añade un duro drama personal a las frías cifras del Instituto Nacional de Estadísticas. Naturalmente, las voces individuales que se pierden en el ruido, a coro constituyen un problema social.
¿Qué hacemos con 5 o 6 millones de parados que se van quedando sin prestaciones? Cada uno tiene su propia solución. La Asamblea de Parados de Barcelona propone que la administración les haga fijos, o en su defecto les pague 1200 euros de por vida; los sindicatos, que no llegan a tanto, piden que se estudie la implantación en España de un Salario Universal, o en su defecto que se eleve el periodo de cobertura de paro de 2 a 4 años.
El obispo de Segovia, Ángel Rubio, propuso aplicar un diezmo en la nómina de mayo de todos sus sacerdotes para confraternizar con los “hermanos” caídos. Fuentes del gobierno alimentaron la idea de prorrogar un año el cobro de las prestaciones y pidieron a las CCAA que arrimen el hombro. Desde las filas de la Oposición, piden reformas laborales y más “flexibilidad” contractual; que se subvencione menos el paro y se incentive la busca activa de empleo.
¿Crees que el paro tiene solución en España? ¿Sobran ahora 5 o 6 millones de trabajadores, o falta masa crítica para trabajar? ¿Qué modelo es el correcto para España: el de Solchaga o el de Rato? ¿Se puede crear trabajo por decreto o sólo incentivar la iniciativa privada?
¿Por qué crees que en España llevamos 200 años cometiendo los mismos errores sin aprender la lección? ¿Tiene cabida la sociedad industrial en nuestro país, o debemos buscar nuestra propia vía?
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