Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Historia, fe y anécdotas tras el cambio de nombre papal

¿Por qué los Papas se cambian de nombre al ser elegidos en el Cónclave?

El cambio de nombre del Papa es un gesto cargado de historia y simbolismo que sigue sorprendiendo por sus curiosidades y detalles poco conocidos

Periodista Digital 26 Abr 2025 - 02:58 CET
Archivado en:

Más información

Milei y Meloni en primera fila, Trump en segunda: el funeral del Papa Francisco reúne a líderes y monarcas de todo el mundo

La extraña y misteriosa amistad entre el papa Francisco y la monja Geneviève Jeanningros

En la ceremonia más solemne de la Iglesia católica, cuando el humo blanco asoma sobre la Capilla Sixtina y miles de fieles aguantan la respiración en la plaza de San Pedro, ocurre un acto tan antiguo como intrigante: el nuevo Papa escoge un nombre distinto al suyo.

Esta práctica, lejos de ser un simple formalismo, encierra capas de tradición, simbolismo bíblico y hasta alguna que otra anécdota digna de novela.

El cambio se produce justo después de las votaciones del cónclave.

El cardenal decano pregunta al elegido si acepta el puesto de Sumo Pontífice. Si responde afirmativamente, le lanza una segunda cuestión clave: ¿Con qué nombre quieres ser llamado?

En ese instante, el futuro Papa toma una decisión que marcará su pontificado y su lugar en la historia.

Un gesto simbólico con raíces bíblicas

¿Por qué ese cambio? La respuesta hunde sus raíces en los evangelios. A lo largo de las escrituras, cambiar de nombre es sinónimo de nueva misión o transformación profunda. El caso más emblemático es el del apóstol Simón, rebautizado como Pedro por Jesús: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Este gesto simboliza el inicio de una nueva identidad al servicio de Dios y su pueblo.

Desde entonces, para los católicos, adoptar un nuevo nombre al asumir el papado significa dejar atrás la vida anterior para renacer como guía espiritual universal. No hay reglas fijas: el Papa puede elegir cualquier apelativo, aunque suele optar por nombres cargados de significado personal o que rinden homenaje a santos y pontífices anteriores.

Tradición… pero no desde siempre

Aunque hoy parece una costumbre inquebrantable, lo cierto es que durante los primeros siglos del cristianismo los Papas gobernaban con su nombre original. El primer caso documentado fue Juan II (533 d.C.), quien cambió su nombre original —Mercurio— porque no parecía apropiado llevar el nombre de un dios pagano siendo jefe máximo del cristianismo.

La práctica se extendió progresivamente. Hasta el siglo XI no se hizo habitual. Desde entonces, solo dos Papas mantuvieron su nombre original: Adriano VI y Marcelo II. Curiosamente, ningún Papa ha querido llamarse Pedro desde los tiempos del apóstol: sería considerado equipararse al primer líder de la Iglesia—aunque sí hay nombres como Juan o Gregorio que han sido elegidos varias veces.

Curiosidades y datos locos del cambio papal

La elección del nombre papal está repleta de pequeñas historias sorprendentes:

El proceso detrás del misterio

El procedimiento es tan riguroso como secreto. Los cardenales votan en estricta confidencialidad dentro de la Capilla Sixtina, aislados bajo llave para evitar presiones externas. Tras obtener la mayoría necesaria (dos tercios), se pregunta al elegido si acepta el cargo y cuál será su nombre pontificio. Una vez tomada la decisión, arde el papel en la estufa vaticana: humo blanco para anunciar al mundo que hay nuevo Papa… ¡y nuevo nombre!

En esos minutos vertiginosos se cruzan historia, teología e incluso superstición. ¿Por qué nadie quiere llamarse Pedro? Por respeto al apóstol original. ¿Por qué algunos nombres han caído en desuso? A veces por malas experiencias históricas asociadas a Papas polémicos.

Lo que revela el nombre elegido

El nombre papal suele dar pistas sobre las prioridades e inspiraciones del nuevo Pontífice:

Al final, ese sencillo acto —elegir cómo será recordado ante millones— resume siglos de tradición eclesial condensados en una sola palabra.

Un gesto antiguo que sigue fascinando

El cambio de nombre papal conecta pasado y presente, Biblia y actualidad. Es símbolo de continuidad pero también ventana abierta a las sorpresas humanas e históricas que siguen marcando cada elección en el corazón del Vaticano.

Entre sotanas blancas listas para estrenar, lágrimas sinceras en la Sala privada y números saltados en la lista oficial —símbolo de errores humanos— late una tradición viva que mantiene al mundo pendiente del misterio cada vez que se proclama: Habemus Papam… Franciscus!

Más en Gente

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by