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La televisión, además de entretener, regala momentos genuinos en los que sus protagonistas se muestran cercanos y espontáneos. Es el caso de Cristina Pedroche, quien atraviesa las últimas semanas de embarazo mientras prepara su salida temporal de Zapeando. En plena vorágine laboral y familiar, la presentadora madrileña ha compartido una anécdota que ha conquistado tanto a sus compañeros como a la audiencia: su hija Laia ya tiene claro cómo quiere que se llame su futuro hermano pequeño.
Un nombre con historia casera: “Juan”
En el plató de Zapeando, Pedroche reveló que Laia, su primogénita, se ha encariñado con uno de los trabajadores que están llevando a cabo una reforma en su casa. Tanto es así que, según contó la propia presentadora entre risas, la niña ha empezado a llamar al futuro bebé “Juan”, en homenaje al albañil que tan presente está en su día a día familiar. “Es por el señor que hace la reforma en casa”, explicó ante la curiosidad de sus compañeros.
Pese a la simpatía del gesto y al cariño con el que Laia se refiere ya a su hermano como “Juan”, Pedroche fue clara respecto al registro oficial: “Juan en el DNI no lo va a poner… otra cosa es que luego en casa le llamemos así”. La elección definitiva del nombre sigue siendo un tema abierto en la familia Muñoz-Pedroche, donde, según reconoció la presentadora, “hay discusión” y ninguna opción cuenta aún con consenso total.
El proceso detrás del nombre definitivo
Más allá de la anécdota familiar, Cristina Pedroche aprovechó para dar alguna pista sobre los criterios que están guiando la elección del nombre real del bebé. Durante diferentes intervenciones públicas, ha dejado claro su predilección por los nombres cortos y de origen vasco. Nombres como “Aritz” o “Iraitz” estuvieron sobre la mesa, pero fueron descartados por coincidencias familiares y profesionales: por ejemplo, “Aritz” es el nombre del hijo del chef Andoni Luis Aduriz, amigo personal de la pareja.
El propio chef Dabiz Muñoz, marido de Pedroche, también propuso que el niño se llamase David como él mismo. Sin embargo, Cristina respondió con humor: “No quiero tener dos David en casa porque sería un lío durante el postparto”. Esta dinámica refleja el tono distendido y familiar con el que están afrontando este segundo embarazo.
Entre nombres vascos y apodos domésticos
La pasión de Pedroche por la cultura vasca no es nueva: “Me encanta el País Vasco: su cultura, su gastronomía, su gente y también sus nombres”, reconocía recientemente. Aunque siguen sin desvelar cuál será el nombre final (y admiten estar abiertos a cambios hasta última hora), sí han dejado entrever opciones como Bai o Unai, ambas cortas y con raíz euskaldun.
Mientras tanto, en casa ya circulan varios apodos cariñosos para referirse al bebé. Durante las revisiones médicas, Cristina ha contado que le llaman “el huevis”, siguiendo una tradición simpática iniciada con su primera hija Laia (“chochona” antes de nacer). Este uso de motes temporales pone de relieve cómo viven la maternidad desde una perspectiva cercana y natural.
Expectación mediática y familiar
La expectación crece tanto dentro como fuera del hogar Muñoz-Pedroche. Con apenas unos días para dar a luz, Cristina ha compartido sus nervios y emociones con naturalidad ante las cámaras. En lo profesional, apura sus últimos días en Zapeando antes del permiso maternal; en lo personal, asume este momento como una etapa “muy buscada y muy deseada”, tal y como ha dejado patente en redes sociales.
El debate sobre nombres ilustra cómo muchas familias viven con humor e ilusión los preparativos para recibir a un nuevo miembro. En este caso, la pequeña Laia ha puesto sobre la mesa un “Juan” lleno de significado cotidiano pero sin aspiraciones oficiales. El verdadero nombre del bebé sigue siendo un misterio que solo será desvelado cuando llegue el gran día.
Así se entrelazan vida pública y privada en una familia mediática donde cada detalle conecta con miles de espectadores. El desenlace está cerca: ¿será finalmente un nombre vasco? ¿Se impondrá alguna propuesta inesperada? Lo único seguro es que, sea cual sea el elegido para figurar en el DNI, en casa siempre habrá espacio para las historias entrañables y los apodos improvisados.
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