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La fascinante historia de las joyas imperiales de Zita de Borbón-Parma, quien fue la última Emperatriz de Austria, parecía destinada a convertirse en mito.
Después de más de cien años llenos de especulaciones y teorías sobre su paradero, el descubrimiento de una maleta en una caja fuerte en Quebec ha reavivado uno de los grandes enigmas de la realeza europea.
Entre los artículos encontrados resalta el célebre diamante Florentino, considerado una de las gemas más significativas del mundo y un símbolo del destino cambiante de los Habsburgo.
Este descubrimiento ha suscitado especulaciones sobre posibles reclamaciones legales desde Austria. Sin embargo, expertos creen que el largo exilio vivido por esta familia junto a la naturaleza privada del hallazgo complicarán cualquier acción legal efectiva. Este caso podría reabrir viejos debates acerca de la restitución de bienes expropiados a aristócratas tras los estragos provocados por la caída histórica de varios imperios europeos.
La reaparición del tesoro perteneciente a Zita no solo pone fin a un capítulo lleno misterio; también trae al presente una parte tangible del pasado imperial europeo. El brillo perdurable del Florentino junto al simbolismo que portan estas joyas nos recuerda que hay historias esperando pacientemente para ser contadas nuevamente.
Un recorrido desde Viena hasta Canadá, atravesando un siglo
El destino del tesoro imperial se empezó a definir en noviembre de 1918. En ese momento, el emperador Carlos I, ante la inminente caída del Imperio Austrohúngaro, decidió trasladar las joyas familiares desde la cámara del tesoro del Palacio Imperial de Viena hacia Suiza. La intención era protegerlas del saqueo y la inestabilidad revolucionaria que azotaba Europa. En esta travesía se encontraba el Florentino, una piedra preciosa que pesa 137 quilates, con forma de pera y un brillante color amarillo.
Con el fin definitivo de la familia imperial y el auge del nazismo, se impuso un nuevo exilio. En 1940, Zita, viuda de Carlos I y madre de ocho hijos, logró escapar Europa y alcanzar Canadá. Su viaje incluyó escalas en Portugal y Estados Unidos. Una vez en Quebec, depositó la maleta con las joyas en una caja fuerte, bajo el acuerdo de que su existencia no sería revelada hasta un siglo después del fallecimiento de su esposo, que tuvo lugar en 1922.
El tesoro y sus piezas: joyas con historia y simbolismo
El conjunto recuperado no solo incluye el famoso diamante Florentino; también contiene otras piezas que poseen un gran valor histórico y simbólico:
- Diamante El Florentino: Con 137,17 quilates, es uno de los mayores diamantes existentes, montado en un alfiler para sombrero. Su historia arranca en India y ha pertenecido a las casas nobles como los Médici o los Borgoña antes de llegar a manos Habsburgo. Fue parte integral de la corona imperial y ha sido objeto de todo tipo de leyendas, incluidas maldiciones e historias sobre robos ficticios.
- Corona con diamantes de la emperatriz Sisi: Representa a la emblemática emperatriz Isabel de Austria, conocida por su trágica vida.
- Reloj adornado con esmeraldas: Este obsequio fue hecho por la emperatriz María Teresa a su hija María Antonieta, quien luego se convertiría en reina francesa y símbolo durante la Revolución.
- Orden del Toisón de Oro: Esta condecoración emblemática Habsburgo está incrustada con diamantes y fue utilizada por Carlos I durante su capilla ardiente en Madeira.
- Alfileres y cintas: Estas piezas cuentan con zafiros, rubíes, esmeraldas y diamantes. Algunos están decorados con los colores nacionales húngaros, reflejando así la rica herencia multicultural del imperio.
La autenticidad del hallazgo ha sido confirmada por expertos de AE Köchert, una histórica joyería vienesa que solía proveer a la corte imperial. Ellos han verificado que las joyas encontradas coinciden precisamente con las descripciones históricas.
El secreto familiar y la elección de Zita
La clave para preservar este tesoro fue el secreto. Por voluntad expresa de Zita, solo dos hijos conocían el paradero exacto del tesoro y transmitieron esta información a las siguientes generaciones. Su nieto, Karl von Habsburg-Lothringen, reveló que no supo nada sobre estas joyas hasta hace apenas un año cuando sus primos Lorenz y Simeon compartieron con él esta sorprendente verdad. La familia decidió respetar el siglo prometido sin revelar su secreto y como muestra de gratitud decidieron exhibir inicialmente las joyas en Canadá, país que les dio refugio durante su exilio.
Quién era Zita: La última emperatriz
Zita de Borbón-Parma (1892-1989) fue la última emperatriz austríaca y reina húngara. Casada con Carlos I, vivió los últimos momentos del sistema monárquico centroeuropeo mientras lidiaba con el peso del exilio tras perder a su esposo e ir viendo cómo se dispersaba su familia. Madre ejemplar con ocho hijos, destacó por su coraje y discreción. Su legado Habsburgo ha sido reivindicado por sus descendientes quienes la describen como “una mujer que supo protegerlo todo mientras el mundo se desmoronaba”.
- El Florentino fue considerado uno de los cuatro diamantes más grandes del mundo durante el siglo XX; su supuesta “maldición” inspiró novelas, películas e infinidad de rumores durante décadas.
- La emperatriz Zita llegó a Canadá acompañada por su familia mediante un viaje clandestino durante la Segunda Guerra Mundial; llevaban consigo únicamente la maleta con las valiosas joyas como equipaje significativo.
- Entre los objetos también se encuentra un reloj decorado con esmeraldas que perteneció a María Antonieta, cuya trágica muerte selló el destino final para la monarquía francesa.
- Las joyas están bajo un fideicomiso canadiense que cuenta con 33 beneficiarios directos entre los descendientes hasta la segunda generación posterior a Zita.
- La familia Habsburgo ha optado por no valorar públicamente este lote; enfatizan que “lo relevante no es cuánto vale sino lo que simboliza”.
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