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Un tesoro de los Habsburgo encontrado en Quebec

Las joyas imperiales de Zita aparecen en Canadá tras un siglo de misterio

El famoso diamante Florentino y otras gemas de la última emperatriz de Austria aparecen en una caja fuerte canadiense, un siglo después de su desaparición.

Periodista Digital 08 Nov 2025 - 02:53 CET
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La fascinante historia de las joyas imperiales de Zita de Borbón-Parma, quien fue la última Emperatriz de Austria, parecía destinada a convertirse en mito.

Después de más de cien años llenos de especulaciones y teorías sobre su paradero, el descubrimiento de una maleta en una caja fuerte en Quebec ha reavivado uno de los grandes enigmas de la realeza europea.

Entre los artículos encontrados resalta el célebre diamante Florentino, considerado una de las gemas más significativas del mundo y un símbolo del destino cambiante de los Habsburgo.

Este descubrimiento ha suscitado especulaciones sobre posibles reclamaciones legales desde Austria. Sin embargo, expertos creen que el largo exilio vivido por esta familia junto a la naturaleza privada del hallazgo complicarán cualquier acción legal efectiva. Este caso podría reabrir viejos debates acerca de la restitución de bienes expropiados a aristócratas tras los estragos provocados por la caída histórica de varios imperios europeos.

La reaparición del tesoro perteneciente a Zita no solo pone fin a un capítulo lleno misterio; también trae al presente una parte tangible del pasado imperial europeo. El brillo perdurable del Florentino junto al simbolismo que portan estas joyas nos recuerda que hay historias esperando pacientemente para ser contadas nuevamente.

Un recorrido desde Viena hasta Canadá, atravesando un siglo

El destino del tesoro imperial se empezó a definir en noviembre de 1918. En ese momento, el emperador Carlos I, ante la inminente caída del Imperio Austrohúngaro, decidió trasladar las joyas familiares desde la cámara del tesoro del Palacio Imperial de Viena hacia Suiza. La intención era protegerlas del saqueo y la inestabilidad revolucionaria que azotaba Europa. En esta travesía se encontraba el Florentino, una piedra preciosa que pesa 137 quilates, con forma de pera y un brillante color amarillo.

Con el fin definitivo de la familia imperial y el auge del nazismo, se impuso un nuevo exilio. En 1940, Zita, viuda de Carlos I y madre de ocho hijos, logró escapar Europa y alcanzar Canadá. Su viaje incluyó escalas en Portugal y Estados Unidos. Una vez en Quebec, depositó la maleta con las joyas en una caja fuerte, bajo el acuerdo de que su existencia no sería revelada hasta un siglo después del fallecimiento de su esposo, que tuvo lugar en 1922.

El tesoro y sus piezas: joyas con historia y simbolismo

El conjunto recuperado no solo incluye el famoso diamante Florentino; también contiene otras piezas que poseen un gran valor histórico y simbólico:

La autenticidad del hallazgo ha sido confirmada por expertos de AE Köchert, una histórica joyería vienesa que solía proveer a la corte imperial. Ellos han verificado que las joyas encontradas coinciden precisamente con las descripciones históricas.

El secreto familiar y la elección de Zita

La clave para preservar este tesoro fue el secreto. Por voluntad expresa de Zita, solo dos hijos conocían el paradero exacto del tesoro y transmitieron esta información a las siguientes generaciones. Su nieto, Karl von Habsburg-Lothringen, reveló que no supo nada sobre estas joyas hasta hace apenas un año cuando sus primos Lorenz y Simeon compartieron con él esta sorprendente verdad. La familia decidió respetar el siglo prometido sin revelar su secreto y como muestra de gratitud decidieron exhibir inicialmente las joyas en Canadá, país que les dio refugio durante su exilio.

Quién era Zita: La última emperatriz

Zita de Borbón-Parma (1892-1989) fue la última emperatriz austríaca y reina húngara. Casada con Carlos I, vivió los últimos momentos del sistema monárquico centroeuropeo mientras lidiaba con el peso del exilio tras perder a su esposo e ir viendo cómo se dispersaba su familia. Madre ejemplar con ocho hijos, destacó por su coraje y discreción. Su legado Habsburgo ha sido reivindicado por sus descendientes quienes la describen como “una mujer que supo protegerlo todo mientras el mundo se desmoronaba”.

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