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Iñaki Urdangarin lanzará el 12 de febrero su obra Todo lo vivido, donde narra su experiencia sin tapujos.
En sus páginas, aborda su paso por la cárcel, el divorcio con la infanta Cristina y su actual relación con Ainhoa Armentia. No oculta que ya no tiene contacto con el rey Felipe VI, quien fue tanto su cuñado como un amigo cercano.
El exdeportista se unió a la familia real hace más de dos décadas.
Contrajo matrimonio con Cristina en 1997 y formaron una familia con cuatro hijos: Juan, Pablo, Miguel e Irene. Juntos vivieron casi 25 años, hasta que el escándalo del caso Nóos lo cambió todo. Urdangarin resalta la fortaleza de su exmujer, a quien describe como una figura clave en su vida.
«Sigue siendo una parte importantísima de mí, alguien a quien quiero, admiro y respeto», escribe. La considera quien mantuvo la dignidad familiar durante los juicios y la prisión, aunque ella terminó exhausta pero siempre estuvo a su lado.
En 2010, la familia se trasladó a Washington por motivos laborales relacionados con Telefónica.
Fue allí cuando llegó Fernando Almansa, enviado del rey Juan Carlos, para solicitar el divorcio en nombre de la Corona. «Yo era gangrena y mi amputación era la única manera de controlar los daños», recuerda Urdangarin. Sin embargo, Cristina le respondió con firmeza: «Pues ya te puedes ir por donde has venido».
Su estancia en prisión y el nuevo comienzo
Urdangarin ingresó en prisión en junio de 2021 debido al caso Nóos. Pasó dos años y medio en centros como Brieva (Ávila) y luego obtuvo un régimen de tercer grado. Finalmente, salió en libertad condicional en 2023 y comenzó una nueva etapa.
- Reside en Vitoria-Gasteiz, en un hogar discreto.
- Se dedica a una asesoría deportiva y empresarial, brindando apoyo a clientes locales.
- Comparte su vida con Ainhoa Armentia, con quien mantiene una relación desde 2022. La conoció en Vitoria mientras cumplía condena. «Es una parte esencial de mi felicidad», asegura. Además, menciona que Cristina ya estaba al tanto de su nueva pareja antes de que aparecieran las fotos en Bidart. Solo lamenta no haber hablado antes con sus hijos: «Mi mala gestión del tiempo hizo que fuera demasiado doloroso para todos».
Entrar a formar parte de la Casa Real fue como «aterrizar en otro planeta», confiesa.
Conserva contacto con los reyes eméritos, Juan Carlos y Sofía, defendiendo al primero: «Pudo haber errores administrativos, pero nunca hubo intención delictiva». En cambio, no tiene las mismas palabras para Felipe VI y Letizia. Sobre el actual rey comenta: «Mi cuñado. Mi amigo. O eso había creído yo«. Reconoce las dificultades para separar lo institucional de lo familiar.
Se sintió desamparado cuando las cosas se complicaron. Antes del escándalo, mantenía una relación cercana con Felipe, entonces príncipe; ahora esa conexión ha desaparecido por completo.
En el libro expresa agradecimiento hacia sus hijos por su «fortaleza silenciosa» y amor incondicional. Aspira a cerrar ese capítulo de su vida: «He cumplido y aceptado la desproporcionalidad de mi pena». Busca llevar una existencia sencilla junto a Ainhoa, sus hijos y sus seres queridos.
Urdangarin contempla el futuro con gratitud por las pequeñas cosas, alejado de los focos que alguna vez lo elevaron y luego lo llevaron a caer.
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