Ángel Montoya se lanzó al vacío con su cámara en mano, persiguiendo ese momento perfecto para compartir con sus seguidores. Lo que comenzó como un desafío desde el puente General Santander, en Tuluá (Valle del Cauca), el 27 de enero de 2026, terminó en una tragedia.
El influencer colombiano de 30 años no pudo hacer frente a la fuerte corriente del río Cauca y desapareció entre sus aguas turbulentas.
El video, grabado por un amigo, capturó ese instante crítico. Montoya, que parecía tener limitaciones en un brazo, exclamó «nos vamos a tirar, mi hermano» antes de caer desde una altura de unos cinco metros.
Aunque intentó nadar hacia la orilla, el caudal del río lo arrastró sin piedad. Después de cuatro días de búsqueda incesante, el 30 de enero, su cuerpo fue encontrado en el municipio de Bolívar por areneros que lo avistaron, y la Defensa Civil se encargó de su recuperación. Las intensas lluvias habían incrementado la fuerza del agua, complicando aún más las labores de rescate.
Este trágico evento vuelve a poner sobre la mesa el debate acerca de los retos virales. Las plataformas digitales premian el riesgo con visualizaciones y popularidad, pero ignoran la dura realidad que supone un río como el Cauca, uno de los más caudalosos del país. Los familiares difundieron el video pidiendo ayuda, lo que aceleró su viralización y generó reacciones en todo el mundo, desde España hasta México.
Las opiniones en las redes están divididas. Algunos responsabilizan a Montoya por su imprudencia; otros critican un sistema que normaliza comportamientos temerarios a cambio de likes.
Francisco Tenorio, secretario de Gestión del Riesgo del Valle del Cauca, describió el río como «de bastante caudal y corriente muy fuerte». Un colega cercano a Montoya reflexionó: «Él buscaba conectar con su audiencia; nunca imaginó que esto tendría un desenlace así». Su fallecimiento nos recuerda que saber nadar no equivale a dominar un torrente.
El impacto va más allá del ámbito local. En Colombia, 25 municipios enfrentan crecidas debido al mal tiempo, y casos como este multiplican las alertas institucionales. A nivel global, surge la cuestión sobre la responsabilidad de las plataformas: ¿fomentan la osadía o alimentan tragedias? Montoya, tulueño cuya vida giraba entre publicaciones y seguidores, deja tras de sí un legado incómodo: el costo de transformar la vida en contenido.
Trayectoria y vida de Ángel Montoya
Nacido en Tuluá, Valle del Cauca, Colombia, hace tres décadas, Ángel Montoya creció en un entorno humilde y se convirtió en creador de contenido a través de las redes sociales. Sin una formación académica destacada en medios conocida públicamente, su carrera despegó gracias a vídeos espontáneos que reflejaban desafíos cotidianos y aventuras locales.
- Hitos clave: Se destacó en plataformas como TikTok e Instagram con retos virales y humor regional, ganándose a sus seguidores por su carisma desenfadado. El salto fatal era parte integral de esta dinámica y fue grabado para viralizarse.
- Obras reconocidas: Sus clips más populares mostraban saltos espectaculares, bromas y exploraciones por el Valle del Cauca; aunque no recibió premios formales, su estilo auténtico lo hizo destacar entre los influencers colombianos.
- Reconocimientos: Sin galardones oficiales registrados hasta ahora; su popularidad se mide en miles de visualizaciones y comentarios leales.
- Familia: Pocos detalles sobre su vida privada son conocidos; dejó atrás a familiares en Tuluá que lideraron la búsqueda y solicitaron apoyo público.
Hasta el momento no se han reportado actos conmemorativos específicos. Su historia entre la euforia digital y la realidad dura invita a reflexionar antes del próximo «hasta la vista».
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