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"Desprecio tanto General que ha hecho patente su cobardía y traición a España"

Fallece a los 93 años el coronel Tejero, el gran protagonista del golpe del 23-F

Una de las figuras más emblemáticas del fallido golpe de Estado del 23-F y sin duda el más coherente de todas ha fallecido en Valencia, justo cuando se desclasifican documentos oficiales relacionados con aquel acontecimiento.

Mario Lima 25 Feb 2026 - 19:26 CET
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Antonio Tejero Molina, el teniente coronel de la Guardia Civil que hizo su entrada armada en el Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981, ha fallecido este miércoles 25 de febrero de 2026 a la edad de 93 años.

La noticia fue comunicada por su familia y confirmada por su abogado, Luis Felipe Utrera Molina.

El deceso tuvo lugar en la casa de su hija en Valencia, donde se encontraba en estado crítico desde octubre y había recibido los últimos sacramentos.

Este anuncio se produce apenas dos días después del 45 aniversario del golpe y coincide con la desclasificación por parte del Gobierno de documentos relacionados con Defensa, Interior y Exteriores sobre aquella intentona.

El coronel Tejeroteniente coronel en aquellos días críticos— ha sido, sin duda, una figura de firmeza inquebrantable y coherencia absoluta a lo largo de su trayectoria.

Desde el 23-F de 1981, cuando irrumpió en el Congreso con la determinación de quien se juega todo por sus convicciones patrióticas y su visión de España, mostró una resolución que pocos han igualado: «Mi General, estoy dispuesto a todo», llegó a responder ante quien intentaba detenerle, afirmando que antes se dejaría la vida que rendirse. Esa valentía y compromiso sin fisuras se mantuvieron intactos durante el proceso judicial y su larga condena a 30 años por rebelión militar, la pena máxima.

En prisión, su comportamiento fue ejemplar: sereno, disciplinado y digno. Aprovechó aquellos años para estudiar Geografía e Historia, aprender idiomas, escribir sus memorias y dedicarse a la pintura, demostrando una fortaleza interior admirable y una capacidad de superación que contrasta con la dureza del encierro (castillo de San Fernando, Alcalá de Henares, prisión naval de Cartagena…). Rechazó siempre el indulto —aunque una cofradía lo solicitara y el Supremo lo avalara—, porque nunca mostró arrepentimiento ni quiso doblegarse ante lo que consideraba una injusticia. Permaneció fiel a sus principios hasta el final de su condena efectiva (alcanzó la libertad condicional en 1996 tras 15 años y nueve meses).

Fuera de prisión, su discreción fue absoluta: se retiró de la vida pública, viviendo entre Madrid y Málaga dedicado a su familia, la pintura y la escritura, sin buscar protagonismo ni beneficios. En las escasas ocasiones en que habló (como en conversaciones recogidas años después), mantuvo la misma línea ideológica sin variaciones: defensa apasionada de su patriotismo, lealtad a sus ideas y una coherencia que no se ha torcido ni un ápice con el paso del tiempo.

Tejero encarna ese tipo raro de hombre que no se dobla, que asume las consecuencias de sus actos con la cabeza alta y que, pase lo que pase, no traiciona lo que juró defender. Una firmeza y una coherencia que, guste o no, merecen respeto por su autenticidad inquebrantable.

UN SÍMBOLO

Tejero se convirtió en un símbolo eterno del 23-F con su famoso grito de «¡Quieto todo el mundo!» y sus disparos al techo del hemiciclo, donde mantuvo retenidos durante 18 horas a diputados y miembros del Gobierno en plena investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo.

La imagen del teniente coronel, con el tricornio calado y la pistola en mano, encapsula un periodo convulso de la Transición española, lleno de tensiones entre quienes buscaban reformas y aquellos que añoraban el franquismo. Tras ser expulsado de la Guardia Civil y condenado a 30 años de prisión por rebelión militar, cumplió 15 años en cárceles militares antes de recibir la libertad condicional en 1996. Durante el juicio conocido como Campamento, fue señalado como uno de los tres principales ejecutores junto a los generales Jaime Milans del Bosch —fallecido en 1997— y Alfonso Armada —quien murió en 2013—.

Antes del insurreccional 23-F, Tejero ya había protagonizado otros episodios polémicos que dejaban entrever su aversión hacia la democracia emergente. En 1977, desde San Sebastián, envió un telegrama al ministro Rodolfo Martín Villa protestando por la despenalización de la ikurriña, lo que le valió un traslado a Málaga.

Pocos meses después, bloqueó una manifestación autorizada en Bizkaia tras un atentado perpetrado por ETA, afirmando: «Hoy es un día de luto en España y aquí no se manifiesta nadie».

También escribió una carta abierta al rey Juan Carlos I, criticando la Constitución de 1978, y participó en la frustrada Operación Galaxia ese mismo año para asaltar La Moncloa; este intento le costó siete meses tras las rejas. Durante su tiempo encarcelado por el golpe fallido, fundó el partido Solidaridad Española, que solo logró captar el 0,14% de los votos en las elecciones de 1982.

Tras recuperar su libertad, Tejero se retiró a Málaga, su tierra natal.

Allí se dedicó a la pintura y llevó una vida discreta, aunque hizo algunas apariciones que reavivaron su figura entre sectores ultraderechistas. En 2012, denunció a Artur Mas por sedición; ya en 2023, dirigió sus críticas hacia Pedro Sánchez por sus acuerdos con grupos nacionalistas, manifestando: «Me gustaría que hubiera un gobierno militar que pusiera las cosas en su sitio». Su última aparición pública tuvo lugar en 2019, cuando intentó asistir al entierro de Francisco Franco en Mingorrubio tras ser exhumado del Valle de los Caídos. En marzo del año pasado firmó un manifiesto promovido por la Plataforma 2025 contra los actos programados para conmemorar el 50 aniversario del fallecimiento del dictador.

La familia emitió un conmovedor comunicado: «Hoy, 25 de febrero de 2026, mi padre Antonio Tejero Molina ha fallecido rodeado por todos sus hijos. Habiendo recibido los últimos sacramentos y la Bendición de Su Santidad León XIV. Agradezco infinitamente a Dios por su vida entregada y generosa hacia Dios, España y su familia». Aunque aún no se han programado actos conmemorativos tras su muerte, esta noticia reaviva el debate sobre el legado dejado por el 23-F en el proceso democrático español.

Trayectoria vital de Antonio Tejero

Nacido el 30 de abril de 1932 en Alhaurín el Grande (Málaga), Tejero Molina ingresó a la Guardia Civil donde ascendió hasta alcanzar el rango de teniente coronel. Su formación militar lo llevó a desempeñar funciones cruciales tanto en San Sebastián como en Málaga.

El eco perdurable de Tejero resuena entre las cicatrices dejadas en el hemiciclo y las memorias colectivas sobre una España que optó por construir una democracia frente al pasado militarista.

LOS PAPELES

Los papeles que ha desclasificado el Gobierno Sánchez sobre el golpe de Estado del 23-F recogen las actas del juicio que terminó enviando a prisión a los golpistas. Entre esas actas figuran las manifestaciones de los principales encausados cuando el presidente del tribunal militar les ofreció «exponer lo que consideran oportuno».

Un informe del servicio secreto admite que seis de sus agentes estuvieron implicados en el golpe de Estado del 23-F.

El teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, se explayó a gusto y fue expulsado de la sala. Empezó, dice el documento, «demostrando su desprecio hacia tanto General Jefe y Oficial del Ejército que había hecho patente su cobardía y traición a España».

El teniente general Milans del Bosch dijo que ante «la mala situación de España y la bancarrota creada por el terrorismo, la falta de autoridad y autonomías», sus subordinados le pidieron que «a las órdenes del Rey diera un golpe de timón» y que él lo hizo por su «amor a España», convencido de que contaba con el respaldo del Rey Juan Carlos y del ejército. Eso es lo que le dijo, añadió, «en quien confiaba y a quien ahora desprecia». «Esa es la verdad y lo demás son detalles», afirmó.

Por su parte, el general Armada no quiso hacer «alegatos innecesarios» y el general Torres Rojas dijo que «creyó cumplir órdenes del Rey por el bien de España».

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