(PD / Agencias).- Fue asesinado. Así lo determinó ayer la autopsia que se le practicó al cadáver de Jorge Ropero, el profesor de 36 años, nacido en Alcázar de San Juan (Ciudad Real), cuyo cuerpo calcinado fue hallado el lunes en su vivienda.
En los primeros momentos todo parecía deberse a un accidente. En el inmueble, en el que apenas llevaba viviendo un mes de alquiler, los vecinos se despertaron sobresaltados sobre las 06.45 de la mañana. Una fuerte sacudida, producto de una explosión y posterior incendio, hizo que salieran apresuradamente de sus casas.
Lo atribuyeron al gas, sin embargo, en el edificio no hay instalación de gas natural y las dos bombonas de butano estaban en perfecto estado. Cuando el cuerpo fue hallado totalmente calcinado en el salón, se observó que presentaba numerosos cortes. Eso, unido a que la causa de la explosión no fuese el gas, hizo que todo apuntara a un homicidio.
Los análisis que está efectuando la Policía Científica serán determinantes, aunque tardarán aún varios días. Pudieron emplear desde cualquier aerosol, a algún líquido inflamable o productos químicos.
Según algunos vecinos, Jorge Ropero fue militar y estaba haciendo un máster. Tiene varios antecedentes por infracciones de tráfico. Ahora, el encono utilizado para acabar con su vida arroja más interrogantes al caso.
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