(PD).- Máximo Couto asesinó a su pareja el pasado 29 de noviembre, cuando disfrutaba de un permiso penitenciario. Después fue en busca de su ex mujer dispuesto a regalarle la misma suerte. Al no encontrarla, descargó su ira hiriendo a un matrimonio vecino. Cuando la policía lo detuvo, aún le quedaron ganas de acuchillar a uno de los agentes que se lo llevaba preso.
Y la rabia, la violencia y la ira de Couto no se apaciguaron. Ayer, en su celda de la prisión de A Lama, se quitó la vida ahorcándose con una sábana.
Couto deja tras su suicidio, la muerte de su novia, a la pareja agredida aún ingresada en el hospital, y la indignación popular ante el hecho de que no se atendiera la alarma del GPS que Couto tenía colocado para evitar el acercamiento a su víctima.
El permiso penitenciario se le había concedido al asesino, regulado por una orden de alejamiento y controlado por un dispositivo de alarma para que no incumpliera esta orden. Nadie, de quienes debían atender las señales del dispositivo, se percató de las alarmas habían saltado y la vida de la mujer de Couto corría peligro.
Fuentes policiales confirmas que Couto ha dejada algunas en su celda, aunque no ha trascendido el contenido de las mismas.
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