Venezuela rumbo a la libertad

Activista hispano-venezolano denuncia agresión policial durante escrache a Zapatero en el Ateneo de Madrid

Alberto Casillas intentó impedir el paso del coche de Rodríguez Zapatero, pero fue reducido violentamente por la policía

En un contexto donde la voz de los venezolanos en el exterior parece a veces apagarse, Alberto Casillas, un ciudadano español que vivió 25 años en Venezuela, ha decidido asumir una postura firme y pública en favor de la democracia venezolana. No es un político, ni pretende serlo, pero su activismo ha sido constante y notorio, especialmente en Madrid, donde reside actualmente.

Tras el incidente conversamos con Casillas: «Estaba protestando y quise ponerme con mi pancarta delante y vino la policía de una manera bestial y me tiraron al suelo, me golpearon y luego se cayeron encima tres. Pero es una brutalidad policial. Vamos, como en Venezuela, pero sin tiros».
Sobre Zapatero señaló: Es un sinverguenza, un vendido, un bandido que se está aprovechando de la desgracia de Venezuela y lo que todos sabemos. VER VÍDEO

A través de su cuenta de Instagram, ‘@albertocasillasoficial’, Casillas se presenta como un hombre común que, habiendo experimentado la vida en Venezuela, se siente moralmente obligado a alzar su voz contra el régimen chavista.

En su más reciente acción, Casillas convocó a una pequeña concentración de venezolanos para protestar contra la presentación del libro del ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, quien ha sido duramente criticado por su postura conciliadora hacia el gobierno de Nicolás Maduro. «Es vergonzoso que hoy esté presentando un libro que habla sobre la democracia cuando él debería ir preso», expresó Casillas con la vehemencia que lo caracteriza. ¿Y quién puede culparlo?

Para muchos venezolanos, Zapatero se ha convertido en una figura que, en lugar de facilitar una transición democrática, ha legitimado a un régimen que ha causado el éxodo de millones y la represión de su propio pueblo. Casillas, lejos de pertenecer a las altas esferas del poder o de la diplomacia, representa a ese ciudadano que, desde la distancia, sigue sufriendo por la realidad de su país de adopción.

Su activismo, aunque criticado por algunos, no debe pasar desapercibido. Casillas no es más que una pieza en el gran rompecabezas de quienes, dentro y fuera de Venezuela, luchan por la libertad. No organiza grandes manifestaciones ni lidera partidos políticos, pero su empeño por hacer visible la situación de los venezolanos merece ser valorado.

El hecho de que su concentración no haya sido convocada por líderes de la oposición venezolana en Madrid, sino por un español común, nos lleva a reflexionar sobre la naturaleza del activismo ciudadano. Es la prueba de que la lucha por la libertad trasciende nacionalidades y fronteras. En tiempos donde muchos optan por el silencio o la indiferencia, la determinación de Casillas es un recordatorio de que, aunque el poder del individuo parezca limitado, no debe subestimarse.

Al final, su acto, por pequeño que sea, es un eco más de la desesperación y el clamor por justicia de un pueblo que ha sido silenciado demasiadas veces. Casillas, con sus palabras y acciones, nos recuerda que la lucha por la democracia nunca está en manos exclusivas de los políticos. Todos tenemos la capacidad —y quizás el deber— de hacer algo, por pequeño que sea, cuando la injusticia prevalece.

 

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