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Donald Trump no afloja.
El presidente, que no lleva ni dos semanas en la Casa Blanca, carga sin piedad contra sus predecesores demócratas.
Afirma tajante que se relajaron los requisitos para contratar controladores aéreos, mientras un informe revela falta de personal en la torre de control
Trump no se corta un pelo y politiza la tragedia aérea ocurrida el 29 de enero de 2025, por la noche, cerca del Aeropuerto Nacional Ronald Reagan de Washington D.C..
Una tragedia que deja 67 víctimas mortales tras la colisión entre un avión comercial y un helicóptero militar.
En su primera aparición en la sala de prensa de la Casa Blanca desde que asumió nuevamente la presidencia, Trump culpó a sus predecesores demócratas Barack Obama y Joe Biden de haber relajado los estándares de contratación de controladores aéreos en nombre de la diversidad.
«Tenemos que tener a nuestra gente más inteligente«, declaró Trump, insinuando que las políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) de la Administración Federal de Aviación (FAA) bajo gobiernos demócratas llevan a la contratación de personal menos calificado.
«Ellos tienen que ser genios naturalmente talentosos. No puedes tener gente común haciendo su trabajo«.
Trump afirmó que la FAA estaba «reclutando activamente trabajadores que sufren discapacidades intelectuales severas, problemas psiquiátricos y otras condiciones mentales y físicas bajo una iniciativa de contratación de diversidad e inclusión«.
Estas declaraciones provocaron una inmediata reacción de indignación entre legisladores demócratas y organizaciones de defensa de los derechos de las personas con discapacidad.
El presidente del NAACP, Derrick Johnson, calificó los comentarios de Trump como un intento de utilizar la tragedia con fines políticos:
«El Presidente ha dejado claro que prioriza la política sobre las personas, usando el cargo más alto para difundir odio basado en falsedades en lugar de proporcionar el liderazgo que necesitamos y merecemos«.
Un informe preliminar de la FAA, obtenido por medios como The New York Times y Associated Press, reveló que la dotación de personal en la torre de control del Aeropuerto Reagan la noche del accidente «no era normal para la hora del día y el volumen de tráfico«.
Según el informe, un solo controlador estaba manejando tanto el tráfico de helicópteros como el de aviones que aterrizaban y despegaban, tareas que normalmente se asignan a dos controladores diferentes.
Esta revelación ha reavivado las preocupaciones sobre la escasez crónica de controladores aéreos en Estados Unidos.
La torre de control del Aeropuerto Reagan ha estado operando con solo 19 controladores completamente certificados, muy por debajo del objetivo de 30 establecido por la FAA y el sindicato de controladores.
El exsecretario de Transporte Pete Buttigieg respondió rápidamente a las acusaciones de Trump, calificándolas de «despreciables» en una publicación en la red social X. «Mientras las familias están de luto, Trump debería estar liderando, no mintiendo«, escribió Buttigieg. «Priorizamos la seguridad, redujimos significativamente los cuasi accidentes, mejoramos el Control de Tráfico Aéreo y no tuvimos muertes en aerolíneas comerciales en millones de vuelos durante nuestro mandato«.
La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) ha iniciado una exhaustiva investigación del accidente.
J. Todd Inman, miembro de la NTSB, declaró en una conferencia de prensa: «No determinaremos la causa probable del accidente mientras estemos aquí en la escena, ni especularemos sobre lo que pudo haber causado este accidente«.
La junta ha recuperado las cajas negras del avión comercial y espera que el análisis de estos dispositivos arroje luz sobre las circunstancias exactas que llevaron a la colisión.
El accidente ocurrió cuando el vuelo 5342 de American Airlines, proveniente de Wichita, Kansas, se aproximaba al Aeropuerto Reagan con 64 personas a bordo.
El avión colisionó con un helicóptero Black Hawk del Ejército que realizaba un vuelo de entrenamiento con tres tripulantes.
Todos los ocupantes de ambas aeronaves perdieron la vida en el incidente.
Entre las víctimas se encontraban miembros del equipo de patinaje artístico de Estados Unidos, así como varios patinadores rusos, sus entrenadores y familiares.
La tragedia ha conmocionado a la comunidad del patinaje artístico internacional y ha dejado un profundo vacío en el deporte.
Las grabaciones de las comunicaciones entre la torre de control y las aeronaves, obtenidas por varios medios de comunicación, revelan los tensos momentos previos al accidente.
Aproximadamente 30 segundos antes de la colisión, un controlador aéreo preguntó al helicóptero si tenía a la vista el avión que se aproximaba.
El piloto del Black Hawk respondió afirmativamente y solicitó «separación visual«, lo que indica que creía poder mantener una distancia segura del avión.
Sin embargo, por razones aún desconocidas, las dos aeronaves terminaron en la misma trayectoria.
La tragedia ha puesto de manifiesto las complejidades y desafíos del espacio aéreo alrededor de Washington D.C., uno de los más congestionados del país, donde los aviones comerciales comparten el cielo con helicópteros militares y gubernamentales de manera rutinaria.
Mientras la investigación continúa, surgen preguntas sobre la seguridad aérea y la adecuación de los protocolos actuales.
La NTSB ha prometido «no dejar piedra sin voltear» en su búsqueda de respuestas, pero se espera que el proceso sea largo y minucioso.
El incidente marca el primer accidente fatal de una aerolínea comercial en Estados Unidos desde 2009, poniendo fin a un período de 16 años sin accidentes graves en la aviación comercial del país.
Esta racha de seguridad sin precedentes hace que la tragedia sea aún más impactante para la industria y el público en general.
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