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La localidad norirlandesa de Ballymena vive horas críticas tras una segunda noche consecutiva de violencia.
Grupos de encapuchados atacaron a la policía con cócteles molotov, fuegos artificiales y ladrillos, mientras varias viviendas fueron incendiadas y decenas de familias inmigrantes huían de sus hogares ante el temor a represalias.
Los incidentes han dejado al menos quince agentes heridos y una comunidad profundamente dividida por la tensión racial y la desconfianza hacia los recién llegados.
La chispa que prendió la mecha fue la presunta agresión sexual sufrida por una menor durante el fin de semana, por la que dos adolescentes rumanos de 14 años comparecieron ante el tribunal el lunes, asistidos por un intérprete.
Aunque el caso está en plena investigación y los menores niegan los hechos, la noticia agitó un sentimiento latente de rechazo hacia los inmigrantes, desembocando en protestas que rápidamente se transformaron en disturbios violentos.
El incidente del sábado 7 de junio de 2025, junto a otro presunto asalto sexual el 24 de mayo, donde el asaltante fue descrito como de piel oscura y hablando un idioma extranjero, intensifica las tensiones.
La ira de la población, que derivó en disturbios con 15 policías heridos y propiedades incendiadas, se agravó por preocupaciones sobre la inmigración. Según Jim Allister, líder del TUV y diputado por North Antrim, la escala de la migración alimentó las violencia.
Aunque una protesta inicial con 2500 personas fue pacífica, mostrando apoyo a la familia de la víctima, la situación escaló a violencia descrita por la policía como matonismo racista contra minorías étnicas y las fuerzas del orden.
Figuras públicas, incluido el portavoz del primer ministro, condenaron los ataques a la policía, afirmando que no hay justificación para la violencia, pese a la gravedad del caso.
Así fue la noche: barricadas, incendios y ataques coordinados
Durante la tarde-noche del martes, cientos de personas se congregaron inicialmente en una protesta que pretendía ser pacífica, pero pronto derivó en escenas caóticas. Encapuchados erigieron barricadas con contenedores y vallas plásticas, a las que prendieron fuego. Ladrillos, botellas y fuegos artificiales impactaban contra las líneas policiales mientras los agentes intentaban contener la situación con cañones de agua y vehículos blindados.
- Cuatro viviendas resultaron dañadas por el fuego; tres personas tuvieron que ser evacuadas in extremis.
- Negocios locales sufrieron destrozos en puertas y ventanas.
- Dos vehículos policiales quedaron fuera de servicio.
- Se reportaron intentos de ataque con bombas incendiarias contra vehículos en zonas aledañas.
La policía investiga los hechos como “ataques racistas motivados por odio”, centrados especialmente en casas habitadas por familias inmigrantes. Algunas víctimas relatan cómo se vieron obligadas a refugiarse en sus áticos o abandonar sus domicilios bajo escolta policial mientras las turbas gritaban consignas xenófobas.
“Los niños me preguntaban por qué nos atacan. No quiero seguir aquí; tengo miedo por mis hijos”, confesaba entre lágrimas una madre rumana residente en uno de los hogares atacados.
Claves para entender la ola de violencia: inmigración, desconfianza y manipulación
El trasfondo social es complejo. Ballymena no es ajena a tensiones comunitarias históricas, pero en los últimos meses se ha percibido un aumento del rechazo hacia los inmigrantes, especialmente del Este de Europa. La reciente llegada de nuevas familias ha alimentado rumores sobre delincuencia y competencia por recursos públicos.
La manifestación inicial fue convocada para apoyar a la familia de la menor agredida. Sin embargo, según la policía y varios testigos, grupos organizados aprovecharon el ambiente para promover un discurso anti-inmigración y desencadenar ataques selectivos contra extranjeros.
- El MP local Jim Allister reconoció que el clima respecto a la inmigración lleva tiempo deteriorándose.
- Autoridades políticas y sociales condenaron sin paliativos los disturbios, calificándolos como “puro matonismo racista”.
- El Gobierno británico advirtió que no hay justificación posible para este tipo de violencia.
A pesar del despliegue policial reforzado y las detenciones –incluida la de un joven de 29 años acusado de desórdenes graves– persiste el temor a una escalada aún mayor si no se logra restablecer el diálogo social.
El perfil del barrio afectado y el impacto sobre las familias inmigrantes
Clonavon Terrace y zonas colindantes concentran buena parte de las viviendas sociales donde residen numerosas familias migrantes. Muchos llegaron buscando empleo o protección frente a situaciones difíciles en sus países de origen.
En Ballymena, estos nuevos vecinos han encontrado tanto solidaridad como hostilidad. La última ola de violencia ha provocado un éxodo forzoso: familias enteras abandonando sus hogares a medianoche, escoltadas por agentes antidisturbios entre maletas apresuradamente llenas.
Algunas anécdotas ilustran el clima vivido:
- Un hombre mayor relataba cómo tuvo que sacar a su madre octogenaria “a rastras” porque temía que su casa ardiera.
- Varias familias exhibieron carteles en sus ventanas indicando “residente británico” para evitar ser objetivo de los ataques.
- Un bote volcado frente a varias casas simbolizaba el caos tras el paso del grupo violento.
Reacciones políticas e incertidumbre ante el futuro
La ministra de Justicia norirlandesa Naomi Long expresó su “absoluta indignación” ante lo ocurrido. Todos los partidos en Stormont coincidieron en exigir firmeza legal contra quienes promueven el odio racial.
Sin embargo, voces críticas advierten sobre la dificultad para restablecer la calma si no se aborda el malestar social subyacente:
- Falta integración efectiva entre comunidades locales e inmigrantes.
- Persisten bulos sobre delitos cometidos por extranjeros.
- La presión sobre servicios públicos alimenta resentimientos antiguos.
En palabras recogidas entre residentes locales: “Esta comunidad ya ha tenido suficiente con gente nueva llegando”. Otros consideran que calificar todo como racismo solo aviva más la confrontación.
¿Qué puede pasar ahora?
El ambiente sigue tenso. Los líderes comunitarios trabajan contrarreloj para evitar nuevos episodios violentos mientras la policía mantiene presencia reforzada. El temor es que esta espiral pueda durar semanas si no se atajan las causas profundas.
Por ahora, Ballymena es reflejo dramático del reto europeo ante las migraciones: integración fallida, discursos incendiarios y una peligrosa mezcla entre miedo e intolerancia convertidos en violencia palpable cada noche.
Puntos clave
- Quince policías heridos tras dos noches seguidas de disturbios.
- Ataques dirigidos contra viviendas habitadas por inmigrantes rumanos.
- La chispa: presunto delito sexual atribuido a menores extranjeros.
- Las autoridades investigan los hechos como delitos motivados por odio racial.
- Crece el temor entre familias extranjeras asentadas en Ballymena.
Curiosidades sobre Ballymena y su contexto
- Ballymena es conocida históricamente como un enclave industrial con fuerte identidad protestante-unionista.
- En las últimas décadas ha experimentado un cambio demográfico acelerado con llegada de población del este europeo.
- El barrio más afectado fue escenario anteriormente de tensiones sectarias durante “Los Problemas”, aunque nunca alcanzó niveles tan altos contra inmigrantes hasta ahora.
- El uso masivo del cañón de agua recuerda a intervenciones policiales durante los peores años del conflicto norirlandés.
El desafío ahora es doble: restaurar la convivencia diaria y garantizar que ni la justicia ni la opinión pública caigan en simplificaciones peligrosas sobre crimen e inmigración.
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