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Los okupas convierten su vivienda en piso turístico y a él le casca Hacienda una multa de 5.000 euros

Unos okupas transforman una vivienda en piso turístico y Hacienda sanciona al dueño con 5.000 euros

Periodista Digital 18 Jun 2025 - 11:23 CET
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Okupa una casa, los vecinos lo tapian dentro y el caradura tiene que implorar a la Guardia Civil que lo rescate

La realidad supera la ficción en el último caso de okupación que ha sacudido a España.

Un propietario, tras años sin poder acceder a su vivienda y sin percibir renta alguna, se enfrenta ahora a una sanción de 5.000 euros de la Agencia Tributaria.

El motivo: los okupas que le arrebataron la casa la han convertido en un lucrativo piso turístico, operando sin permisos ni control, mientras el legítimo dueño asume las consecuencias económicas y legales de una situación que no ha provocado.

El caso es paradigmático por varios motivos. No solo los llamados «inquiokupas» llevan más de tres años instalados en la vivienda, sino que han convertido el inmueble en un negocio de alquiler vacacional. La vivienda aparece anunciada en plataformas online, con decenas de reseñas y comentarios positivos de huéspedes ajenos a la pesadilla legal y económica del propietario original.

Mientras tanto, los okupas disfrutan abiertamente del entorno, llegan a hacerse socios del club de golf local, frecuentan restaurantes y piscinas, y llevan una vida social plena. Todo esto, mientras el propietario debe seguir abonando la hipoteca y otros gastos fijos asociados al inmueble.

Hacienda multa al propietario: ¿justicia kafkiana?

La sorpresa llegó cuando la Agencia Tributaria notificó al propietario una sanción de 5.000 euros por operar un piso turístico sin la debida licencia. Pese a acreditar documentalmente que no tiene acceso ni control sobre la vivienda desde hace años, Hacienda le considera responsable último de la actividad irregular llevada a cabo en su propiedad.

Para más inri, el organismo ha comenzado a retenerle 500 euros mensuales de su nómina para saldar la deuda, sumando presión financiera a una situación ya insostenible para miles de pequeños propietarios en España.

¿Por qué no puede recuperar su vivienda?

El propietario ha intentado todas las vías legales disponibles: presentó una primera demanda por impago cuando los inquilinos dejaron de pagar el alquiler; luego interpuso una segunda demanda por desahucio y reclamación de rentas. Sin embargo, el proceso judicial está paralizado desde hace meses.

Uno de los factores que alargan estos procedimientos es la declaración de vulnerabilidad otorgada por los servicios sociales locales. En este caso, uno de los okupas alegó convivir con un familiar de edad avanzada con bajos ingresos, lo que bloquea temporalmente cualquier intento de desalojo bajo la actual normativa española.

Según datos recientes del Consejo General del Poder Judicial, el plazo medio para obtener una sentencia firme que permita desalojar a los okupas ya roza los 24 meses. Este tiempo se ha triplicado respecto a 2018, reflejando la saturación y lentitud del sistema judicial español en materia de ocupaciones ilegales.

Un fenómeno al alza: cifras preocupantes

La okupación se ha convertido en uno de los problemas más acuciantes del mercado inmobiliario español:

Estos datos ponen sobre la mesa no solo una problemática social creciente vinculada al acceso a la vivienda sino también un clima legal percibido como permisivo hacia quienes ocupan ilegalmente propiedades ajenas.

La paradoja legal: propietarios sin protección

La legislación española actual se muestra especialmente garantista con quienes alegan vulnerabilidad para evitar el desalojo. A menudo, toda la carga recae sobre el propietario, que debe demostrar reiteradamente su derecho frente a personas que ni pagan renta ni asumen gastos asociados al uso del inmueble.

El caso descrito evidencia además cómo las nuevas formas de explotación turística —especialmente pisos turísticos operados fuera del marco legal— complican aún más el panorama:

¿Se puede reformar el sistema?

Las recientes reformas legales buscan agilizar los desalojos cuando no existe contrato ni autorización para ocupar un inmueble. Las penas pueden oscilar entre multas económicas y prisión si media violencia o intimidación. Sin embargo, abogados y expertos reconocen que estas medidas apenas empiezan a aplicarse y todavía es pronto para valorar su efectividad real frente al volumen creciente de casos.

Por otro lado, tanto asociaciones vecinales como plataformas de apoyo a propietarios insisten en la necesidad urgente de:

El futuro inmediato: incertidumbre y frustración

Mientras tanto, historias como esta reflejan la impotencia y desamparo legal en que pueden quedar atrapados miles de propietarios particulares en España: soportando impagos crónicos, procesos judiciales interminables e incluso sanciones fiscales derivadas del uso fraudulento —y completamente ajeno— que otros hacen de su propiedad.

La paradoja es cruel: quienes ocupan ilegalmente pueden lucrarse explotando viviendas ajenas ante la pasividad (o incapacidad) administrativa para intervenir con rapidez; mientras tanto, el legítimo dueño paga doblemente —en dinero y salud— por una situación que no ha generado ni puede resolver con facilidad.

El debate está servido: ¿hasta cuándo podrá sostenerse este modelo sin reformas profundas? ¿Quién protege realmente al pequeño propietario frente al abuso? Y sobre todo: ¿cómo evitar que el fenómeno siga creciendo año tras año?

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