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Una batalla judicial que enfrenta a España e Italia

Juana Rivas y Francesco Arcuri: quince años de un drama familiar sin fin

Juana Rivas debe entregar a su hijo menor mientras la querella de su hijo mayor reaviva el conflicto y pone en duda la versión dominante

Periodista Digital 25 Jul 2025 - 10:29 CET
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Es desolador.

Deprimente.

El caso Juana Rivas y Francesco Arcuri es uno de los dramas familiares más prolongados y seguidos de la crónica judicial española.

Más de quince años después de su inicio, la batalla no da señales de agotarse. La reciente querella del hijo mayor contra su padre, el italiano Arcuri, ha reabierto el debate público y mediático sobre la custodia, la justicia y los límites entre protección y manipulación parental.

Las palabras clave como “madre manipuladora”, “sustracción de menores” o “maltrato habitual” vuelven a ocupar titulares, alimentando una controversia donde la justicia y la opinión pública rara vez coinciden.

La historia comienza en 2009 con la primera denuncia por malos tratos de Juana Rivas contra Arcuri en Italia. Ambos reconstruyen su relación en Granada, pero en 2016 todo salta por los aires: Rivas huye con sus hijos a España y se niega a devolverlos a su padre, alegando miedo por su seguridad.

Desde entonces, se suceden denuncias cruzadas, sentencias contradictorias y una cobertura mediática polarizada.

Cronología esencial del caso

El papel del hijo mayor: una nueva vuelta de tuerca

El pasado jueves, Gabriel, hoy mayor de edad, presenta una querella contra su padre por presuntos delitos de atentado contra la integridad moral y coacciones cometidos sobre su hermano menor durante un encuentro supervisado para la entrega judicial del niño. Gabriel acusa tanto a Arcuri como a una psicóloga que acompañó al padre al punto de encuentro familiar.

Según relata Gabriel en su denuncia y en una grabación aportada como prueba, su hermano fue sometido a un interrogatorio “durísimo” que le provocó ansiedad y desasosiego. Solicita medidas cautelares para evitar cualquier contacto entre el menor y su padre, pidiendo incluso dejar sin efecto la orden judicial que obliga a entregar al niño a Arcuri.

Este movimiento añade un nuevo matiz al drama familiar: el hijo mayor toma partido legalmente por su madre y acusa directamente al padre, cuestionando el relato dominante sobre manipulación materna. La justicia española ha admitido parcialmente las peticiones cautelares mientras investiga los hechos.

Justicia versus opinión pública

Uno de los elementos más llamativos del caso es el divorcio entre lo que dictan los tribunales y lo que sostiene buena parte de la opinión pública o algunos tertulianos mediáticos. Mientras que las decisiones judiciales han condenado reiteradamente a Juana Rivas por sustracción de menores e incluso han dudado de su idoneidad como madre —el magistrado llegó a calificarla como “un peligro para sus hijos”—, miles de personas han salido en defensa de Juana en manifestaciones apoyadas por partidos políticos y personalidades públicas.

Por otro lado, sectores críticos señalan un patrón constante de manipulación materna hacia los menores —apoyados en informes forenses— e insisten en que las decisiones judiciales deben prevalecer sobre campañas mediáticas o sociales.

La reciente admisión por parte de la Audiencia Provincial de Granada de una querella interpuesta por Arcuri contra Rivas reabre el debate jurídico sobre si retener al menor en España supone un nuevo delito de sustracción. El tribunal considera que existen indicios para investigar si Juana alteró unilateralmente el régimen acordado por los tribunales italianos.

La figura pública de Juana Rivas

A lo largo del proceso, Juana ha sido presentada como símbolo tanto del sufrimiento materno como del abuso institucional. Ha recibido el apoyo expreso de plataformas feministas, mientras ha sido vilipendiada por quienes creen ver en ella un ejemplo extremo de manipulación parental.

Algunos datos relevantes sobre su perfil:

Curiosidades y anécdotas

Perspectiva actual: ¿final abierto o bucle infinito?

El caso está lejos de cerrarse. Las nuevas investigaciones abiertas tanto contra Juana Rivas (por posible nueva sustracción) como contra Francesco Arcuri (por supuestos malos tratos) mantienen viva una batalla donde cada avance judicial es contestado socialmente y cada giro provoca reacciones opuestas según quién interprete los hechos.

Mientras tanto:

Este drama familiar cumple ya más de tres lustros sin visos claros de resolución definitiva. La pregunta permanece abierta: ¿lograrán alguna vez el sistema judicial y las partes implicadas poner fin al ciclo interminable que marca la vida —y el futuro—de estos menores?

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