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"Si me defendía me mataban"

Esta es Natalia, la chavala que secuestraron dos mujeres y a la que torturaron por liarse con el marido de una de ellas

La joven, que sólo tiene 18 años narra el calvario

Fernando Veloz 17 Ene 2026 - 09:50 CET
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Tremenda paliza.

A fondo, con crueldad, sin respiro y vesanía.

Natalia ha decidido alzar la voz y contar uno de los capítulos más oscuros de su existencia.

La chavala, de 18 años, ha compartido públicamente el horror que sufrió durante su secuestro, la tortura y las humillaciones infligidas por dos mujeres que la acusaban de mantener una relación con el esposo de una de ellas.

Su testimonio revela la brutalidad de unos acontecimientos que tuvieron lugar en Madrid, dejando huellas profundas tanto físicas como psicológicas en la víctima.

Este caso ha causado un gran revuelo en la sociedad española, no solo por la violencia extrema ejercida, sino también por el motivo detrás: una supuesta infidelidad que desencadenó una venganza desmesurada y criminal.

Natalia ha relatado que el miedo paralizante fue su único compañero durante todo el tiempo que estuvo bajo el control de sus agresoras.

«Si me defendía me mataban», expresó la joven, capturando con esta frase la sensación de total impotencia que vivió en esas horas aterradoras.

Cómo comenzó el calvario

El tormento se inició cuando Natalia fue interceptada por las dos mujeres, quienes la metieron a la fuerza en el maletero de un coche.

El trayecto inicial transcurrió desde Vallecas hasta una vivienda del barrio madrileño de Moratalaz, donde permanecería retenida durante varias horas en condiciones inhumanas.

Al llegar a su destino, las agresoras procedieron a despojarla de su ropa, atándola de pies y manos, y propinándole una paliza continua que fue parcialmente grabada en vídeo.

Las imágenes obtenidas durante la agresión muestran a Natalia siendo golpeada mientras escucha constantes amenazas y humillaciones dirigidas hacia ella. E

ste vídeo constituye una prueba devastadora del odio con el que fue tratada. Durante su cautiverio, sufrió vejaciones sexuales y psicológicas, con sus agresoras insultándola y amenazándola con muerte en numerosas ocasiones. La brutalidad del trato no tuvo límites: fue golpeada, humillada y degradada más allá de lo que cualquier ser humano debería soportar.

La paliza a Natalia

El escape y la intervención policial

Tras horas incesantes de tortura, las agresoras decidieron trasladar nuevamente a Natalia.

Cuando intentaban meterla otra vez en el vehículo en plena calle, desnuda y en un estado extremo de vulnerabilidad, la joven reunió fuerzas para escapar.

Gritando pidiendo ayuda, consiguió alertar a personas cercanas que llamaron inmediatamente a la Policía Nacional. Este momento crucial marcó el fin a su sufrimiento.

La rápida intervención policial permitió a Natalia recibir atención médica urgente y dar inicio a una investigación que ha culminado con la detención de los responsables. Las autoridades han arrestado a un hombre acusado de colaborar activamente con las dos mujeres en el secuestro y las agresiones.

Además, las agresoras han sido identificadas y están siendo investigadas por los delitos de secuestro, tortura, agresión sexual y vejaciones.

El dolor de la familia

La madre de Natalia ha manifestado públicamente su indignación ante lo sucedido. «Es inhumano; ni a un animal se le hace eso», ha declarado, reflejando así el dolor y la rabia que siente al ver cómo su hija ha sido víctima de una violencia tan extrema.

Sus palabras encapsulan la incomprensión ante un acto tan brutal motivado por celos y venganza personal.

La familia se enfrenta no solo a las secuelas físicas que dejó Natalia, sino también al trauma psicológico que dejará huellas duraderas.

El apoyo familiar se ha vuelto fundamental para ayudar a la joven a encontrar fuerzas para hablar abiertamente sobre lo ocurrido, rompiendo así el silencio que muchas víctimas optan por mantener debido a vergüenza o miedo.

Un caso que cuestiona los límites de la violencia

El caso vivido por Natalia pone en evidencia cómo la violencia machista y los deseos vengativos pueden llevar a situaciones inimaginables.

Aunque aquí las agresoras son mujeres, lo cierto es que este crimen trasciende categorías tradicionales: es una violencia brutal, premeditada y ejecutada con saña. Que una supuesta infidelidad haya servido como excusa para un secuestro tan atroz subraya la necesidad apremiante de construir una sociedad que rechace cualquier forma violenta sin importar sus motivaciones.

Las autoridades judiciales han abierto una investigación exhaustiva para esclarecer todos los detalles del caso y determinar las responsabilidades penales correspondientes para cada implicado. El vídeo grabado durante esa salvaje agresión será clave en el proceso judicial e invita también a reflexionar sobre cómo los perpetradores se sintieron lo suficientemente seguros como para documentar sus propios crímenes.

El camino hacia la recuperación

Ahora Natalia deberá enfrentarse al largo proceso de recuperación física y emocional tras este horroroso episodio. Su valentía al romper el silencio puede ser un faro para otras víctimas animándolas a denunciar sus casos. Además, su testimonio ayuda a visibilizar una realidad incómoda: esta violencia extrema puede sucederle a cualquiera sin importar edad o contexto.

Este caso ha suscitado una profunda reflexión sobre cómo mejorar los mecanismos protectores para víctimas de violencia así como sobre la necesidad vital de educar en valores como el respeto y resolución pacífica ante conflictos. La historia vivida por Natalia nos recuerda que nunca hay justificación alguna para recurrir a la venganza mediante actos violentos; las consecuencias deben ser resueltas por instancias judiciales legítimas, no por manos particulares.

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