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Desde la superficie, la imagen era casi idílica. El yate de safari Duke of York anclado cerca del resort de Alimathà, el agua turquesa del atolón Vaavu, un grupo de buceadores experimentados preparándose para descender a las cuevas que hacen de este rincón del océano Índico uno de los destinos más codiciados del buceo técnico mundial.
Horas después, cinco italianos estaban muertos en el interior de una cavidad submarina a 50 metros de profundidad. Las autoridades maldivas lo han calificado como el accidente de buceo más grave registrado en la historia del archipiélago.
Maldivas es una de las palabras más evocadoras del turismo mundial. 1.192 islas coralinas repartidas en 26 atolones en el océano Índico, a unos 700 kilómetros al suroeste de Sri Lanka. Aguas con una visibilidad excepcional que puede superar los 30 metros. Temperatura del agua entre 27 y 30 grados durante todo el año. Arrecifes de coral entre los más biodiversos del planeta, con tiburones ballena, mantas rayas, tortugas y una variedad de vida marina que no tiene equivalente en el Mediterráneo ni en el Caribe.
El archipiélago recibe más de 1,5 millones de turistas al año y el buceo es una de sus principales atracciones. Los atolones tienen paredes coralinas que caen verticalmente desde pocos metros de profundidad hasta cientos de metros, creando ecosistemas únicos en cada nivel. Las cuevas y túneles submarinos del atolón Vaavu son especialmente famosos entre los buceadores técnicos de todo el mundo: pasajes estrechos, techos bajos, corrientes cambiantes y profundidades que pueden superar los 50 metros en entornos cavernosos donde el error no tiene segunda oportunidad.
Es exactamente ese atractivo extremo el que llevó al grupo italiano hasta allí. Y es exactamente ese atractivo extremo el que los mató.
Quiénes eran las víctimas
La tragedia ha sacudido la comunidad científica italiana. Entre los fallecidos estaba Mónica Montefalcone, profesora de Ecología Marina en la Universidad de Génova, especialista en arrecifes y ecosistemas costeros cuyo trabajo sobre el impacto del cambio climático en los corales del Indo-Pacífico era referencia en su campo. A su lado buceaba Giorgia Sommacal, su hija, de 23 años. Los otros tres fallecidos eran colaboradores científicos del equipo de investigación.
No eran turistas inexpertos. Tenían formación técnica, experiencia en inmersiones complejas y un objetivo científico claro: combinar la expedición con trabajo de investigación en uno de los laboratorios naturales más completos del océano Índico. Habían zarpado desde el Duke of York, un yate de safari bien equipado, para explorar las cuevas del atolón Vaavu a unos 50 metros de profundidad.
La alarma saltó alrededor de las 13:45 hora local cuando, transcurrido más tiempo del previsto, los buceadores no regresaron a la superficie.
Qué pudo ocurrir a 50 metros de profundidad
Las autoridades maldivas e investigadores italianos trabajan con varias hipótesis que no se excluyen mutuamente.
Los problemas con las mezclas de gas son la línea de investigación más activa. A 50 metros de profundidad, la gestión del gas es crítica: cualquier error en la carga de las botellas, una mezcla incorrecta de oxígeno, la presencia de monóxido de carbono por un compresor defectuoso o el etiquetado erróneo de botellas con gases distintos a los previstos para esa profundidad puede llevar en minutos desde el mareo hasta la pérdida de consciencia sin posibilidad de reacción.
La narcosis por nitrógeno es otro factor relevante a esas profundidades: produce confusión, euforia y lentitud en las reacciones que puede llevar a un buceador a tomar decisiones fatales con total confianza en que son correctas.
La desorientación dentro de la cueva en un entorno donde la visibilidad puede reducirse drásticamente por las burbujas o por la arena levantada del fondo, sin puntos de referencia claros, con un techo rocoso que impide el ascenso directo y con corrientes cambiantes, puede convertirse en pánico colectivo en segundos. El pánico dispara el consumo de gas. Los minutos se agotan.
Las condiciones meteorológicas añadieron dificultad: la zona estaba bajo alerta amarilla con ráfagas de hasta 80 kilómetros por hora que complicaban determinar la posición exacta del barco y alteraban las corrientes interiores.
El rescate que no pudo ser
Las autoridades maldivas activaron un operativo coordinado con la Guardia Costera, fuerzas policiales y equipos de rescate submarino. El primer cuerpo fue localizado en el interior de la cueva a unos 60 metros de profundidad. Los cuatro restantes permanecen en el interior de la cavidad.
La recuperación ha sido calificada de «extremadamente peligrosa» por los propios rescatistas: profundidad en el límite del buceo con aire, techo rocoso que impide ascensos directos, riesgo real de descompresión para los equipos de rescate y posibles desprendimientos en el interior de la cueva. Las autoridades no quieren asumir riesgos incontrolables para sus propios buceadores.
Las consecuencias para el sector
La muerte de Montefalcone y su equipo ha sacudido la red científica dedicada al estudio de los arrecifes del Indo-Pacífico. Su trabajo sobre el impacto del cambio climático y las presiones humanas sobre los ecosistemas coralinos, sobre estrategias de conservación y restauración de hábitats marinos, pierde con ella una de sus voces más activas.
Para el sector del buceo técnico, este accidente plantea preguntas que los operadores de todo el mundo deberán responder: sobre los protocolos en inmersiones cavernosas profundas, sobre la verificación de las mezclas de gas, sobre los límites reales de seguridad en entornos extremos.
Maldivas seguirá siendo el destino más deseado del buceo mundial. Sus aguas, sus arrecifes y sus cuevas seguirán atrayendo a buceadores de todo el planeta. Pero el atolón Vaavu ha añadido esta semana a su extraordinaria belleza el recuerdo de cinco personas que no regresaron a la superficie.
La investigación continúa. Las familias esperan respuestas. Y los cuerpos siguen en el interior de la cueva.
Fuentes
- Crónica internacional publicada por El Mundo sobre cómo mueren cinco italianos en una cueva durante una excursión subacuática.
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