EL ENAMORADO Y LA MUERTE
Un sueño tenía anoche
durmiendo sin compañía,
que mujer había entrado
allí donde yo dormía.
¿Eres tú, muchacha amada,
la que das vida a mi vida,
eres tú mi enamorada?,
¿por dónde eres venida?
Están cerradas ventanas
las puertas y celosías.
Pero se han movido vidrios
baldosas, suelo y cortinas…
LA LUNA
No soy tu amante, soy Luna,
la Luna de tu elegía.
Por la ventana he entrado,
notaste cuándo se abría.
EL ENAMORADO
Pero si hasta aquí has llegado
en esta noche tan fría,
Luna del camisón albo
que ya la estancia ilumina,
¿dime para qué has venido
y estás en mi cercanía…?
Cuando esperaba a mi amada,
que fuese a ella a quien quería.
LA LUNA
Yo no soy tu enamorada,
joven que apenas dormía,
soñando con la muchacha
por la que tu ánima vibra.
Soy la yerta y blanca dama…
¡La muerte que Dios te envía!
EL ENAMORADO
-¡Ay, muerte, qué rigurosa
de acíbar tu melodía!
¡qué amargor como la pena
vuela entre la niebla fría!
¡Qué perfume trae tu hálito
como de fosa vacía,
donde decae y se amustia
vida y flor de poesía…!
¡Déjame vivir un año!
¡Déjame que un año viva!
No es tan largo ese intervalo.
¡No es mucha esa lejanía
que toca el tambor del casco
del galope de mi vida,
por la senda de los tiempos
cortada en tu profecía!
¡Es la vereda que pido,
la huella de mi travesía,
toda la luz que demando
a escrita caligrafía,
que va trazando segundos
de humana geografía
por donde camina y pasa
-abiertas mis dos pupilas-
cara, pelo, faz y testa,
toda mi fisonomía!
¡Déjame vivir un año,
no otra cosa pediría!
¡Concede que viva un año,
pues mi boda se aproxima!
¡Concede que año disfrute
del clavel de sus caricias!
¡Tras de ese plazo haz conmigo
lo que quieras y mi vida!
Pero aún no se derrame
mi voz ni mi sangre líquida.
LA LUNA
-Un año no puede ser.
Ni un mes has de biografía.
Pues tu muerte está más próxima.
y tu muerte ya es nacida.
EL ENAMORADO
-¡Eres mala mensajera,
dama de la Luna fría,
dama de la cara yerta
plaza de plata bruñida,
que tan estrictas palabras
traes en forma de noticias!
Eres una rosa pálida
para mi mal florecida
pero es tu corazón negro,
coso donde el daño anida,
aro de penumbras rotas,
anillo lleno de ruinas…
*****
El viento que afuera estaba
también ya en la galería,
sus manos en los cristales
toca con voz desabrida.
Sus puños y sus nudillos
suenan en madera hendida,
la empuñadura del viento
deja la casa aterida.
Azotaba y azotaba
las corrientes con su brida,
látigo de fusta usaba
aun sin verse, sí era oída.
que ululando ya él entraba
a través de celosía.
Igual que la Luna tiene
ojos de mirada fría.
*****
EL ENAMORADO
-Si Dios me lo ha concertado
es inútil la porfía,
pero aún no os esperaba
cuando yo me adormecía.
Ni a ti, Luna en toga blanca,
que me impartes tu doctrina,
con palabra tan severa
como un tribunal la dicta.
Como del altar un cura
con casulla y sin sonrisa,
entre rezos y lamentos,
habla de viaje en partida.
Ni a ti, Viento, que azotaras
fechas de mi galería,
y segundos o minutos
que aún se ven y divisan
pero ya se van borrando
allá de mis celosías.
Esta noche no soñaba
de vosotros la visita.
Yo esperaba oír los gallos,
y aurora en su compañía.
Esperaba el sol brillando
y lumbre en su mediodía.
Tantas veces los he oído,
tantas veces los oía,
tantas veces los he visto
los rayos que el sol los guía
que una vez más quisiera,
una vez más los querría,
los gallos oír cantando,
el sol siguiendo su guía.
Y luego cómo él se acuesta
en luminosa agonía,
sabiendo que alba siguiente
su topacio resurgía…
Eso que viera yo ayer
y que no valoraría,
por verlo otra vez mañana
ahora sí lo amaría…
*****
Los cristales ya le llaman,
que les haga compañía,
Luna en atavío blanco,
Viento que afuera le mira.
El joven no lo resiste,
siente tal melancolía
que una semana les ruega…,
que no caduque su vida.
Una semana les pide,
su boda concertaría,
con quien quisiera casar
en ésta y en toda vida.
Pero responde la Luna
relámpago en lumbre fría,
y también responde el Viento
con su voz ensordecida…
*****
LA LUNA
Ni mes ni semana queda,
pues no has de ver luz del día.
EL VIENTO
El aro de blanca luna
ya apenas si relucía,
y hasta incluso mi mirada
apenas, apenas mira,
pues golpeé en tus cristales
y también en celosía
y hasta los vidrios ya lloran
porque concluye tu vida.
LA LUNA
Ni mes ni semana queda,
que no has de ver luz del día.
EL VIENTO
Tus ojos se van vidriando
como gotas de agua fría,
que van formando montones
de vapores que son islas,
por dentro de los cristales
que besa la bruma fría
y emergen gotas del agua
que son sollozos de vista.
Afuera, afuera quedando,
quedándose está la dicha,
y las gotas igual llanto
semejan ser de pupilas,
que plañen agua por dentro
como muy pequeñas cimas,
que si dos de ellas se juntan
hacia abajo se deslizan.
Adentro, adentro ya lloran
y se van quedando heridas
luciérnagas de tus ojos
entre sombras sumergidas.
Abajo, abajo resbalan
con sus carreras fluidas,
hacia las galaxias rotas
los gemidos de tu vida.
EL ENAMORADO
Dadme al menos una hora
para que yo me despida,
de la que es mi todo amor,
siendo sólo prometida.
LA LUNA
¡Una hora tienes de plazo!
¡Una hora te doy de vida!
¡Luego vendré, como Luna
contigo comprometida!
EL VIENTO
Yo como viento de afuera,
ahora en tu compañía,
que helando ya va tu estancia
y la está dejando fría,
una hora igual te concedo.
¡Luego será la ventisca.
los túneles que se obturan,
la soledad tan temida!
*****
Por las calles y las rúas
el muchacho ya corría,
adonde su enamorada
bien sabe que ella vivía.
Y otras veces esas calles
no se hicieran tan tardías…
los caballos de los vientos
casi correr le impedían.
Cuánto duran las distancias
cuando las penas se rizan,
qué lentas viajan las piernas
y resbalan las rodillas,
cuando se escuchan palabras
que el Viento dice enemigas.
“Tu tiempo ya no es tu tiempo”
“Tu vida ya no es tu vida
que son segundos que corren
hacia el final de partida,
color verde que se inunda
de barniz de yerta ruina”.
*****
EL ENAMORADO
Ábreme la puerta, amor,
ábreme la puerta, niña,
que si no me abres ahora
ya nunca me la abrirías.
LA ENAMORADA
¿Por qué llegas tan corriendo?
¿Por qué llegas tan aprisa,
si el día de nuestra boda
de almanaque no está en cita?
EL ENAMORADO
Sólo vengo a despedirme,
en esta noche tan fría.
¡La Luna y el Viento gélido
entraron en casa mía!
LA ENAMORADA
¿La Luna te ha visitado,
y el Viento que nos vigila
desde los cerros del campo
con su mirada sombría?
EL ENAMORADO
Sí, enamorada de siempre;
sí, a quien llamo esposa mía.
Pero mi esposa no serás,
antes plazo se cumplía.
¡No me abras tú la puerta,
yo al balcón me subiría,
para poder darte un beso
que sea el de despedida!
*****
El enamorado escala,
hasta el balcón de su amiga,
ligero tan raudo, raudo
sube como brisa, brisa
que ascendiera hasta su amor
y besara su mejilla;
sus labios también los roza
más de forma quebradiza.
Que ya fracasan sus piernas
y se arruinan sus rodillas,
porque al borde de sus fuerzas
el pie suyo lo perdía.
Mientras balcón escalaba,
el balcón más se subía,
que el joven enamorado
hacia el vacío caía.
*****
Ya viene la Luna blanca.
Ya el Viento es melancolía.
Ya la noche se ha vestido
con traje de lejanía.
LA LUNA
Vengas, tú, el enamorado,
que la hora ha sido cumplida.
Tus párpados ya se cierran
con la visión que querías.
EL VIENTO
Esta hora más te dieron.
Esta hora más de vida,
porque vieras a tu amor
y dieses tu despedida.
Juan Pablo Mañueco.
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