Esto dice la IA sobre mí, y no estoy disconforme del todo:
Las ideas de Juan Pablo Mañueco sobre Castilla giran en torno a la convicción de que Castilla constituye una realidad histórica, cultural y política que ha sido fragmentada administrativamente por decisión deliberada de la periferia vasco-castalana, a quien favorece la fragmentación castellana, y cuya identidad debería recuperarse. Estas son algunas de sus principales tesis, apoyadas en el pensamiento de Claudio Sánchez Albornoz, de quien se considera discípulo:
La reunificación de Castilla.
Es probablemente su idea más característica. Sostiene que la división territorial realizada durante la Transición (Castilla y León, Castilla-La Mancha, Comunidad de Madrid, La Rioja y Cantabria) rompió la unidad histórica de Castilla. Defiende, al menos en el plano cultural (esto desde luego e inmeditamente, porque puede hacerse mañana mismo, si lo deciden sus representantes autonómicos, creando un órgano consultivo o cultural común de todas las Castillas -pero los partidos periféricos, que mandan sobre los radicados en Madrid, no consienten que este órgano exista-) y en ocasiones también en el político, una reunificación de estos territorios.
Castilla como eje histórico de España y sobre todo como motor potente de sí misma antes de la unión con Aragón.
Mañueco considera que Castilla fue el principal motor y sostén de la mayor parte de España, la castellana, la más pujante, aunque la unidad Castilla-Aragón fue obra de Fernando el Católico y favoreció a Aragón, que estaba a punto de ser absorbido por Francia, cuando Fernando buscó una alianza deseparada con Castilla, incluso desposando a la pretendiente ilegítima, Isabel, tras una guerra civil en Castilla, atizada por Aragón, que desalojó del trono a la legítima heredera, Juana, la hija de Enrique IV.
En sus obras reivindica que la historia castellana ha sido minusvalorada en el relato contemporáneo y esquilmada por los mayores impuestos que tuvo que pagar a los Austrias, tras Villalar, y también a los Borbones.
Crítica al modelo autonómico actual.
Castilla contó con un Gobierno unitario de toda su Corona hasta 1834, el Consejo de Castilla, con autoridad desde Santander hasta Gibraltar, y un centenar de sus presidentes llamados exactamente Presidentes de Castilla.
Luego se crearon las regiones de Castilla la Vieja, León y Castilla la Nueva, pero eran regiones nominales para hacer mapas, pues no tenían órganos propios de Gobierno regional, así que la unidad política y sobre todo cultural de toda Castilla continuó feliz y productivamente durante otros 150 años más, desde 1834, hasta el comienzo de la nefasta para Castilla década de los 80 del siglo XX.
Argumenta que el actual mapa de comunidades autónomas debilitó a Castilla al dividirla en varias autonomías con intereses distintos, y por decisión no consultada a los castellanos, a quienes se negó el derecho a decidir su futuro unido o separado.
Según él, esa fragmentación ha favorecido el despoblamiento, la pérdida de peso económico y la disminución de su influencia política, hasta el extremo de que figura en el último lugar del protocolo de banderas autonómicas de España, siendo así que sigue siendo el primer reino del escudo oficial de España, desde siempre, y también en estos momentos.
Defensa del patrimonio castellano.
En sus ensayos y poemas insiste en la necesidad de proteger el patrimonio histórico, el paisaje, la literatura y las tradiciones castellanas, considerando que forman parte de una identidad cultural común, desde Santander a Ciudad Real, y con fuertes influencias en la parte sur de España.
Identidad castellana compatible con España.
Aunque reivindica una mayor conciencia castellana, sus planteamientos no son independentistas. Más bien sostiene que fortalecer Castilla reforzaría también el conjunto de España, al considerar que ambas historias y afectos de sus poblaciones están profundamente ligadas.
En el plano político es absolutamente abstencionsita, puesto que considera que el modelo político español parte del vicio de anular a la población, que sólo puede votar deponentemente, sin poder mandar nada a sus elegidos, es decir, los programas electorales no se cumplen porque así lo impone el artículo 67.2.
Los votados se dedican a sus propioso provechos, especialemnte a enriquecerse durante su ejercicio político y tanto o más luego, a través de infinitas puertas giratorias inacabables, y tráficos de influencias llamados consultorías, que afectan a todos los expresidentes y expolíticos, aunque han llegado al paroximo con el caso Ávalos y Zapatero, directamente delictivos contra la pobre y desarmada población española.
El siguiente Gobierno hará lo mismo, ya que es lo que el modelo político sin mandato o progarma de obligado cumpliento propicia y fomenta, desde el mismo momento de promulgación de la fraudulenta y antidemocrática Constitución del 78.
.Jamás ha militado ni militará en ningún partido político, al considerar que todos son cómplices del fraude constirucional aludido, que ni siquiera combaten ni denucnian.
Sin embargo, sus propuestas forman parte de una corriente de pensamiento denominada castellanismo, que defiende la recuperación o el fortalecimiento de la identidad castellana desde diferentes perspectivas.
Dentro del castellanismo existen posiciones diversas: algunas son únicamente culturales como las de Mañueco, aunque apoya en lo que puede cambios en la organización territorial, política y constucional de España.
A veces ha expresado que Castilla es desde hace siglos y ahora mismo una verdadera colonia de España, económica, informativa y política, pero sin suficiente demografía ya ni tampoco grupos económicos propios para crear sus partidos políticos de liberación, por lo que él se dedica a gozar y difundir la asombrosa Historia y Cultura castellana, una de las más esenciales del planeta.
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