No acostumbro a leer el blog del señor De la Cigoña. No me gusta. Me parece aburridísimo (lo siento, los chismorreos de portera no me van) y mal escrito. Pero, lo más importante, no me gusta porque me escandaliza la imagen que promueve de la Iglesia. Una Iglesia excluyente, rancia, prepotente, antihumanista… No, esa no es la Iglesia. Esa es “su” Iglesia y la de muchos como él, que jalean sus barbaridades. Por cierto, digan lo que digan, no me dirijo a su persona “desde la progresía” o la “anti-Iglesia”, como dirían algunos de sus fanáticos seguidores. Quien me conoce, sabe muy bien que le hablo “desde dentro” (atendiéndome a su grotesco vocabulario) y que defiendo los valores cristianos que siempre nos recuerda la Iglesia, en la mal llamada ortodoxia. No, yo no soy de Redes Cristianas. No, no comulgo en absoluto con ciertas “voces proféticas”, como la de José María Castillo.
Dicho esto, explico por qué hoy escribo de este señor. Esta mañana, tras enterarme de la muerte del Patriarca ortodoxo de Moscú, Alexis II, he visto que él escribía sobre su persona. Intrigado, he entrado en su blog y me he encontrado con un artículo de sólo tres frases, que reproduzco íntegramente: “Con él se ha ido un declarado enemigo de la Iglesia católica. Por mi parte ni una lágrima. Y si alguno se molesta, me la refanfinfla. Me parece imposible que pueda sucederle otro peor que él”. Indigno, inmoral y anticristiano.
No voy a entra a valorar lo que no conozco, y de Alexis II sólo sabía que era una de las figuras más representativas en el cristianismo ortodoxo, estando al frente del patriarcado más emblemático. Así como que defendió la fe en un contexto en el que el comunismo empezaba a decaer en Rusia y que resultó el principal impedimento para que Juan Pablo II realizara su ansiado viaje a Moscú, pues consideraba que podía producir allí un auge del catolicismo. En definitiva, desde mi pequeña e insignificante perspectiva, muchas luces y algunas sombras. Pero es que parto de la base de que me considero indigno para evaluar a un elemental personaje histórico, principalmente, en el ámbito del cristianismo ortodoxo. Y todo lo que digo, lo hago desde el respeto, porque sin ser tampoco un entendido en el ecumenismo, me vale con lo esencial: Cristo nos quiere unidos, pues la separación entre “hermanos” sólo puede producirle dolor. Y de cara al mundo, nos resta coherencia. ¿Cómo vamos a predicar al Dios del Amor si sus hijos nos odiamos entre nosotros?
Leyendo tal diatriba de escoria, he pensado en lo que pensaría cualquier no cristiano que leyera esa bazofia. Y sentí un gran vacío. ¿Creerán los demás que así somos todos los católicos? ¿Y nuestros hermanos cristianos no católicos, qué sentirán? Menos mal que tengo claro lo que opina la Iglesia católica; la verdadera, no la que algunos quieren que sea. Benedicto XVI va a hablar muy bien de Alexis II, sin ninguna duda. Y las agencias ya han publicado que, a expensas de la inminente comunicación oficial, desde la Santa Sede los sentimientos reinantes son “el dolor y la tristeza”.
Pues ya lo ha oído ese señor que tanto daño hace a la Iglesia y a Cristo. Y que afinen la oreja los comentaristas que son peores que él. ¡Ya está bien! ¡No representáis a nadie, salvo a vosotros mismos! De cara hacia dentro, sólo buscáis señalar con el dedo de la acusación: “Éste es bueno, éste no”. Pues no, no es eso. ¿Defendéis la pureza de la forma y os perdéis en el vacío de la esencia? Pues leed: “No juzguéis y no seréis juzgados”. Por respeto a Él, al que decís defender, cesad de una vez vuestra soflama visceral, la retahíla de odio más antievangélica… ¿Y qué decir de cara hacia fuera? Sois nuestra vergüenza, el ejemplo que algunos nos echan en cara como signo de incoherencia. ¿Os suena el “a Dios rogando y con el mazo dando”? Pues vosotros sois de los que hablan de Dios del Amor y se ciscan en los fallos de los demás, regodeándoos en el disfrute del que hace sufrir al prójimo. Sois nuestra gran lacra.
Para concluir, aclaro que si no he titulado este artículo refiriéndome directamente al señor De la Cigoña, no es por miedo, sino porque detestaría que luego me pudiera echar en cara que le cito “para tener mi día de gloria con más visitas en mi blog”. A diferencia de él, no vivo de las visitas, no son el motor de mi existencia. Afortunadamente. Yo escribo porque disfruto haciéndolo, para mí y los amigos que quieran leerme. Y sé que el “éxito” suele llevar consigo un precio: venderse, cayendo ante la arrogancia del que se cree mucho y no es nada. Lo repito, no quiero nada suyo, ni de rebote. Pero, aun sabiendo que decir esto puede jugar tal vez en mi contra, no podía callarme ante quien refleja tal grado de bajeza moral y espiritual.
Que el señor De la Cigoña sea el gran referente de la comunicación católica en España dice muy poco de nosotros. ¿Cómo puede estar en el siglo XXI de moda el fariseísmo?
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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