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La política inmigratoria de AES: xenofobia con barniz

Miguel Ángel Malavia 23 Jun 2009 - 19:02 CET
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Hoy ya no voy a hablar de la alianza entre AES y DN (partido ultra, racista y xenófobo) ante las elecciones generales de 2008 para mostrar mi disconformidad con la idea de que es “el único partido católico al que se puede votar sin traicionar la propia fe”. Como ya hice ayer, entro en la página web del partido, me adentro en la sección Programa y pincho en el punto número 9, referente a la política inmigratoria. (Todos pueden hacerlo pinchando aquí). ¿Qué me encuentro?

Pues que tras un inicio en el que afirman que “el problema” (ojo al adjetivo utilizado) lo enfocan “desde la caridad y la solidaridad”, rechazan “la inmigración masiva, descontrolada e ilegal”. Hasta ahí, con matices, nada excesivamente lejano a lo que proponen partidos como PP y PSOE, en absoluto adalides de los valores cristianos. El “problema” (ahora soy yo el que utilizo el adjetivo) llega cuando avanzando en la lectura del programa nos encontramos con este punto, que ya recogí ayer en un comentario: “Creemos necesaria la aplicación de cupos de inmigración, dando prioridad en los mismos a quienes procedan del mundo hispánico y de nuestra órbita cultural occidental y cristiana”. Según AES, esto “facilita los procesos de integración, evitando así la inmigración hostil a nuestros valores y leyes”. Porque ya se sabe: no tener valores cristianos ayuda a estar contra la ley de todos…

Así pues: ¿qué hacemos con los “moros” y los negros? Sí, aquellos que en gran parte llegan en patera, jugándose la vida… ¿qué hacemos con ellos? ¡Vaya putada! Si hubieran nacido en la América (católica, por supuesto) que descubrió nuestro Cristóbal Colón… ¿¡Cómo se les ocurre ser animistas o postrarse ante La Meca!? ¿¡Por qué nacieron en África!? ¡Si es que la culpa la tienen ellos! Si al fin y al cabo este continente siguiera como antes, colonizado (me refiero a políticamente, que aún siguen, ¡gracias a Dios!, las omnipotentes y modernas multinacionales…), pues podría colar lo de occidentales. Pero ahora… es más difícil.

Menos mal que en AES, tan católicos ellos, tan defensores de los principios esenciales e irrenunciables, afirman que la clave está en ayudar a los países empobrecidos… para que así no tengan que venir aquí. Pero, ¿a cuáles? ¿A nuestros hermanos en la fe, los hispanoamericanos, o a los negritos que no están dentro de nuestra órbita cultural occidental y cristiana? Porque está claro: unos tienen preferencia sobre otros.

Por cierto, ¿cómo hacerlo en la práctica? Me refiero: ¿cómo dar prioridad a unos sobre otros? Con la ley en la mano, digo. No quiero ni pensarlo. Prefiero que respondan los que dejan píldoras como éstas en su página web (no me he movido de aquí): “La falta de previsión en política inmigratoria ha producido aspectos como un progresivo colapso en materia de Sanidad o Educación; la falta de plazas escolares en colegios y guarderías por la política de reserva y a favor de los inmigrantes que, todos los años, causa auténticos problemas a decenas de miles de familias españolas; una monopolización de las ayudas sociales por parte de la población inmigrante con el consiguiente deterioro de la situación entre los españoles más pobres que han perdido la posibilidad de acceder a dichas ayudas. Situación que se ha agravado especialmente con la crisis”. ¡Toc, toc! ¿Goebbels?

Ya saben: hagan una mezcla de atributos apelando a la “justicia social” y al “rechazo de la xenofobia y el racismo” (sí, eso también lo dicen) con la imposición. Sí, imposición. Así se detalla el primer objetivo de su llamado Plan Nacional de Inmigración: “Conseguir la asimilación de los inmigrantes a nuestra cultura y forma de vida, logrando su integración social y evitando así el lento desarrollo de conflictos como los que ya están amenazando tanto la convivencia como nuestra propia identidad”.

No, tienen razón sus defensores, AES no es Democracia Nacional. Mientras que los segundos son explícitamente xenófobos, los primeros ponen un delicado y demagógico barniz sobre los “principios cristianos” a partir de los cuales quieren construir la España del presente.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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