Iba a dejar el tema, pero viendo el tono de algunas de las respuestas que he recibido aquí y en otros lares –alguno incluso ha hablado de denunciarme. ¿Por qué? ¿Por opinar? ¿Por pensar?–, y como soy muy cabezón, no quiero dejar zanjada la cuestión sin contar una pequeña historia y lanzar una simple pregunta.
La historia es ésta: Equipos de emergencias interceptan un conjunto de pateras. Un total de 91 inmigrantes, todos magrebís, son los que luchaban por llegar a la costa. Uno de ellos es discapacitado y se vale con una silla de ruedas.
Tal historia es una información real. Se produjo a lo largo del pasado fin de semana en Almería.
La pregunta: ¿Cómo le decimos al de la silla de ruedas y a sus 90 compañeros, presumiblemente musulmanes en mayor o menor número, que no pertenecen al cupo prioritario de integración en nuestro país al no provenir “del mundo hispánico y de nuestra órbita cultural occidental y cristiana”?
Y de propina, como soy tan “pesao”, otras dos cuestiones: ¿Les invitamos a que se conviertan, en un estado aconfesional como es España, a la fe católica? ¿O les decimos que somos miembros de un partido católico que lucha “por la cultura de la vida” y promovemos una política inmigratoria que nace de la búsqueda “de la justicia social”?
Un consejo: No hace falta que me cuenten lo caótico que es la ausencia de control en la inmigración y lo malo que sería el “papeles para todos”. Yo no voy por ahí. Sólo pido que me digan, por mi analfabetismo religioso integral, cómo se conjuga seguir al Dios del Amor con privilegiar a unos seres humanos sobre otros en un tema tan esencial como es el morirse de hambre. ¿Soy demagogo? ¿Pontifico? ¿Soy fariseo? ¿Miento? Pues que alguien me lo demuestre con datos en la mano.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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