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Milicianos de una Iglesia asfixiante

Miguel Ángel Malavia 19 Jun 2010 - 12:44 CET
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A veces, algún amigo me afea el que me meta con lo que llamo “carcacatólicos”, entendiendo que “ataco a los de dentro en vez de a los de fuera”. Como siempre, insisto, no niego en absoluto que sean católicos. Sin embrago, reitero, pienso que con su actitud crean escándalo y dañan enormemente la imagen de la Iglesia, confirmando los clichés de los muchos críticos que nos achacan que estamos alejados del mundo.

Un claro ejemplo lo he tenido leyendo un artículo de José Miguel Arráiz, blogger de Infocatólica. En él, con un mínimo sentido común, critica el escrito de cierto “señor” cuyo único objetivo es ridiculizar a unas monjas que, en una multitudinaria reunión, rezan con las manos levantadas y unidas entre sí. A juicio de este “señor”, ese modo de invocar a Dios es una “chorrada” y una “estupidez”. Creo que no hace falta comentar mucho más en este sentido. Tales palabras califican de por sí a quien las escribe.

Aun así, lo peor son ciertos comentarios que recibe en su blog José Miguel Arráiz. En síntesis, son unos cuantos los que denuncian que tal comportamiento “no aparece jamás en la tradición milenaria de la Iglesia”. Claro, ya sabemos que Jesús nos pidió que oráramos con las manos levantadas al cielo… pero de ahí a unir además las propias con extrañas… ¡Vaya exceso! ¡Tremendo escándalo! Si es que, nunca mejor dicho, nos dan la mano y nos tomamos el brazo… Otros comentaristas, incluso, se superan. Y es que “documentan” (transcriben actas y textos de logias) que el tomarse las manos es “una vieja tradición masónica que acabó pasando a las sectas sectas protestantes de USA”. ¡Claro que sí, hombre! ¿Dónde se ha visto eso de que unos novios, unos hermanos, unos padres o unos amigos unan sus manos? ¡Y en misa, rezando el Padrenuestro! ¡Dios mío, ten piedad de este Pueblo descarriado!

Culmina este edificio de lucidez intelectual el citado “señor”, autor del inicial artículo de crítica a las monjas “cursis”. Concluye su comentario con la siguiente frase: “Ya sé que mencionarme atrae lectores, pero si los que te lleguen son por mi nombre y no por tu contenido, te auguro poco éxito. Y si lo que pretendías era que te contestara en mi Blog para que alguien se enterara de que existes, no pico”. Lo dicho: sin comentarios.

Me apena pensar que una persona que no conozca lo que de verdad es el ser cristiano tope con estos comentarios. Yo mismo, que sé que estas milicias de la asfixia no son la Iglesia real, no puedo evitar sentirme absolutamente triste cada vez que leo semejantes barbaridades.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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