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Sabemos que el primo de Rajoy no se cree que el planeta esté en riesgo real a causa del calentamiento climático. Sabemos que Al Gore, el nuevo apóstol del ecologismo, desarrolla en su vida privada comportamientos poco ecológicos (tiempo atrás, se hizo público lo que contaminaba en su “humilde” hogar). No me importan ni el primo de Rajoy ni Al Gore. Lo que me molesta es la actitud perdonavidas de algunos carcacatólicos que pretenden que los cristianos comprometidos en la defensa del Medio Ambiente sean algo así como unos traidores a la fe por denunciar el abandono de la Tierra.
En su artículo de hoy en Infocatólica, Eleuterio Fernández critica a Manos Unidas por su campaña ‘Contra el hambre, defiende la Tierra’. Este señor se queda con una única idea de la campaña: ésta es una “especie de engendro-base de la Nueva Era”. Esto es, son “partidarios del final del cristianismo para ser sustituido por ‘algo’ como un, ya muy viejo, paganismo”. Y es que, a su juicio, Manos Unidas se limita a defender que la Tierra es un “organismo vivo”, quedando la posición del hombre en un “lugar secundario”. El problema de quien esto escribe es que no tiene ni idea de lo que dice. Oye llover, escucha conceptos “progres” como ecologismo (¿?) o cambio climático (“un camelo y una tomadura de pelo de la que muchos se están beneficiando”), y le escama que haya pretendidos católicos detrás de esto. Es más, considera que sólo buscan que “la Iglesia se acomode al mundo”. ¡Rasguémonos las vestiduras!
Lo único cierto es que Manos Unidas denuncia el retroceso del estado del planeta porque, principalmente, perjudica a los propios seres humanos. Especialmente a los más pobres. La tesis es la siguiente: el planeta se está calentando a causa de los excesos de la actividad industrial. Ésta se da ante todo, lógicamente, en los países más desarrollados. ¿El problema? Si en un futuro más o menos próximo hay que hacer frente a consecuencias climáticas desastrosas, éstas afectarán mucho más a los países que no tengan la capacidad de enfrentarse a las mismas… y que, casualmente, al estar menos desarrollados (e industrializados), son los que menos carga de responsabilidad han tenido en este problema. Son los menos causantes, pero los más perjudicados. En definitiva: es una injusticia que afecta, como siempre, a los países más pobres.
¿Entiende esto el señor Eleuterio Fernández? ¿Hablamos de New Age o de defensa de los más pobres (como siempre, en el caso de Manos Unidas)? Me molesta especialmente esta manipulación. Porque es una manipulación. Por parte de una corriente de carcacatólicos. Ya en diciembre pasado, ante la Cumbre Climática de Copenhague, fueron muchos de este signo los que arremetieron como lo que veían que era una convención de “progres”. Lo que no dijeron es que, además de Manos Unidas (ONG católica), está en esta acción Cáritas (el brazo social de la Iglesia; es decir, la Iglesia). Lo que no dijeron es que el Papa dedicó su Mensaje de Año Nuevo a este tema. Lo que no dijeron es que el Vaticano envió a Copenhague a su propio representante. Lo que no dicen, quienes ven en este compromiso una traición a la fe, es que la Iglesia está metida hasta las trancas en este “charco” que a todos mancha. Porque nos va la vida de nuestros hijos y nietos en ello.
Lo peor de estos auto erigidos guardianes de la ortodoxia es que nos tratan a los demás como auténticos minusválidos intelectuales. Y, con argumentos tan pobres, hasta el más tonto se da cuenta de que le toman por rematadamente tonto.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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