Si hay algo que desprecio por encima de todo es la hipocresía, la mentira. Y ya estoy arto de que los desgraciados que se han consagrado a la falsedad se vayan de rositas. Han de pagar un precio, recibir un justo castigo. Hoy, cuando por distintos motivos, los nombres de Lance Armstrong y Luis Bárcenas copan todas las portadas, quiero proponer el respectivo castigo que yo les ofrecería.
Empecemos por el más trivial, pues, al fin y al cabo, del deporte no depende la situación económica del común de los mortales. Empecemos, pues, por Armstrong, el ciclista que, según se ha filtrado, hoy reconocerá que se dopó cuando ganó sus siete Tours de Francia. Directamente, ha pegado una puñalada de muerte al deporte en general. El hombre que fue loado por alcanzar las mayores gestas después de vencer la batalla contra el cáncer, no era sino una putrefacta mentira. Como muchos siempre sospecharon. Por ello, propongo este trato a pagar: aquel que tantas páginas copó como héroe y mito durante una década, cada vez que se recuerde su nombre en público habrá de ser denominado como “Armstrong, el Mentiroso”. Así siempre, en cada mención pública. Seguirá siendo un ejemplo. Pero un ejemplo de la instrumentalización deshonesta de los valores del deporte. Todo lo que ganaste es hoy nada. Una maldita mentira. Y tú ya siempre serás menos que nada. “Armstrong el Mentiroso”.
¿Y qué decir de Luis Bárcenas, el tesorero del PP que, mientras lo era, tenía una cuenta en Suiza con 22 millones de euros? Me hierve la sangre, pero no diré aquí nada que afecte a la presunción de inocencia. Eso sí, voy a comentar un hecho relacionado con esto. Primero, que su abogado defensor ha defendido que el año pasado aprovechó la amnistía fiscal del Gobierno del PP para “regularizar” 10 millones de euros. Ya no se trata de que Hacienda haya negado esto, sino de la putrefacción que se esconde bajo el verbo “regularizar”. Hablemos claro: este miserable politicastro, en su día senador y administrador de los dineros de uno de los dos principales partidos de este país, reconoce para defenderse de un delito mayor que fue un sinvergüenza antipatriota que negó a todos los españoles los beneficios de sus jugosos impuestos y los entregó a la avaricia de un paraíso fiscal. Todo un cargo público negando los beneficios de sus supuestos ahorros a los ciudadanos a los que representa. Podrá regularizar lo que quiera, pero es un ladrón, un fariseo ladrón. ¡Ah, y que el PP no venga ahora diciendo que no tienen “nada que decir” porque este caradura “ya no está en el partido”. No, que pidan perdón, que investiguen lo que pasó, hasta el final, caiga quien caiga.
No se me olvida el castigo que yo le impondría a Bárcenas en caso de demostrarse su culpabilidad: cadena perpetua revisable, hasta que pida perdón y devuelva el dinero. A él y a todos los corruptos. Ya está bien de aguantar que los mentirosos se vayan de rositas. Que se lleve a la práctica lo que muchísimos ciudadanos reclaman. Para ello, necesitamos un partido político que se atreva a llevarlo en su programa electoral.
Armstrong y Bárcenas, merecéis un castigo acorde a las consecuencias de vuestra falsedad.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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