A simple vista, parece un juego de niños: calentar una sartén, romper un huevo, freírlo un par de minutos y listo. Sin embargo, quienes se han atrevido a intentarlo saben que alcanzar el huevo frito perfecto es una pequeña batalla que pocos logran ganar en el primer intento. Este plato tan versátil se encuentra en el desayuno inglés, en el almuerzo latinoamericano, en las cenas de media Europa, así como en innumerables toppers asiáticos. Puede acompañar arroz, pan, patatas o disfrutarse solo.
La verdad es que existe el huevo frito perfecto, y los chefs más prestigiosos del mundo están al tanto de ello. Lo que algunos llaman democratizar la alta cocina a menudo no es más que una imitación sin alma, pero un huevo frito bien hecho puede ser tan sublime como un buen caviar. La clave radica en conocer y aplicar las técnicas adecuadas.
La importancia crucial de la frescura del huevo
Antes de iniciar la cocción, hay un aspecto fundamental que muchos pasan por alto: la calidad y frescura del huevo. No todos los huevos se fríen por igual. Si buscamos ese huevo frito ideal, es esencial que esté muy fresco. Con el paso de los días, la clara pierde viscosidad y se vuelve más líquida.
Cuando un huevo está envejecido, esa clara aguada se dispersa al caer en el aceite, salpicando casi como si estuviéramos vertiendo agua, lo que dificulta conseguir esa forma esponjosa que todos deseamos en un buen huevo frito.
Al romper el huevo sobre un plato, su aspecto nos dará pistas sobre su frescura. Si la clara es viscosa y la yema tiene forma semiesférica, estamos ante un ejemplar recién puesto. Se recomienda optar por huevos frescos, preferiblemente ecológicos o camperos, identificados con los códigos «0» y «1».
La temperatura: el factor clave que marca la diferencia
Un aspecto básico pero a menudo olvidado es la temperatura del aceite. Para freír correctamente un huevo, este debe estar bien caliente; no hace falta ser un experto para saber cuándo está listo.
Martín Berasategui, reconocido chef vasco, comparte un truco heredado de su madre y abuela: introducir una miga de pan en el aceite; si al caer se tuesta inmediatamente, está listo para recibir el huevo. El cocinero señala que «la miga del pan es el mejor indicador del estado del aceite».
Otra opción consiste en sumergir una cuchara de madera en el aceite y esperar a que comience a chisporrotear. Si no tienes cuchara de madera a mano, un palillo puede servir perfectamente.
Las técnicas de los grandes maestros
El método de Gordon Ramsay
Gordon Ramsay, uno de los chefs más reconocidos globalmente, comienza calentando bien el aceite en una sartén a la que añade un pequeño trozo de mantequilla para que se derrita con el calor. Luego rompe el huevo sobre una superficie plana y lo vierte en la sartén casi tocando ya el aceite.
Lo más sorprendente de su técnica es que además de sal, espolvorea una pizca de pimienta y copos de chile sobre el huevo frito. Después comienza a mover los huevos en el aceite e incluso fuera del fuego sobre una superficie fría para evitar que se peguen mientras se impregnan bien con la mantequilla.
El secreto de José Andrés
José Andrés, chef asturiano con renombre internacional, describe cómo debe ser ese anhelado huevo frito perfecto: una clara crujiente envolviendo una yema líquida donde luego mojar las patatas o hacer «barquitos» con pan.
Según este chef, su técnica preferida implica usar aceite de oliva español. El objetivo es cocinar el huevo hasta inflarlo como si fuera un pequeño suflé —una especie de nube— con la clara dorada y crujiente mientras que dentro mantiene esa deliciosa yema líquida.
Los aspectos esenciales para lograr ese huevo frito cercano a la perfección son tres:
- Utilizar suficiente aceite, lo bastante como para permitir al huevo «flotar» libremente.
- Echar el huevo cuando el aceite esté muy caliente, siendo paciente hasta ver burbujas formándose.
- No romper directamente sobre la sartén, sino hacerlo primero sobre un plato o taza. Así evitamos salpicaduras indeseadas y podemos revisar la calidad del huevo antes de añadirlo a la sartén.
Para asegurarse de que hay suficiente aceite al freírlo, José Andrés tiene un pequeño truco: inclina hacia adelante la sartén al momento de añadir el huevo para formar un charco grande donde dejar caer este último.
El toque de Martín Berasategui
Martín Berasategui aconseja romper el huevo primero en una taza antes de verterlo en el aceite caliente; esto minimiza las salpicaduras y permite que deslice mejor.
La famosa puntilla, ese borde crujiente característico del buen huevo frito, se logra vertiendo aceite caliente sobre la clara utilizando una espumadera o cuchara. Este procedimiento debe hacerse rápidamente para evitar cuajar la yema.
En cuanto a los utensilios recomendados, lo ideal es utilizar una espumadera; además conviene calentarla previamente unos segundos en el aceite para evitar que se adhiera al huevo.
Ingredientes y proporciones básicas
Para una sartén con 20 centímetros de diámetro necesitarás:
- Huevo muy fresco: 1 unidad
- Aceite de oliva virgen extra: 4 o 5 cucharadas
- Sal: al gusto
Técnicas adicionales para potenciar el sabor
Hay otro truco quizás pasado por alto: añadir vinagre durante la cocción. Usar vinagre con huevos a la plancha o cocidos es habitual; sin embargo, incorporarlo también al freír suma mucho al resultado final.
El vinagre aporta cremosidad y resalta notablemente tanto sabor como textura en la yema. En algunas familias existe la tradición de rociar vinagre sobre la yema después de servirlos en plato.
Otra alternativa consiste en regar durante diez segundos con aceite caliente sobre todo el huevo mientras colocamos los bordes claros sobre la yema para protegerla; tras eso le damos la vuelta durante unos segundos más si queremos esa textura líquida característica.
El tiempo de cocción perfecto
El tiempo juega un papel crucial aquí. Una vez empiece a desprender algo de humo, ve rompiendo los huevos suavemente sobre la sartén; espera alrededor de 30 segundos antes de retirarlos.
Con paciencia verás cómo poco a poco van hinchándose y dorándose adecuadamente. Al sacarlos del fuego añade un poco de sal marina por encima; José Andrés recomienda finalizar con unas gotas adicionales de aceite crudo español si te apetece.
Conclusión: la perfección existe
Claro que sí, existe ese anhelado huevo frito perfecto. No es cuestión mágica; todo radica en dominar las técnicas adecuadas: conocer bien cómo manejar la temperatura del aceite, escoger huevos frescos e invertir tiempo aplicando esos trucos aprendidos por los grandes maestros culinarios a lo largo del tiempo.
La próxima vez que te enfrentes a una sartén lista para recibir un nuevo reto con un simple huevo, ten presentes los sabios consejos compartidos por Ramsay, Andrés y Berasategui. Calienta correctamente ese aceite dorado, utiliza siempre huevos frescos, rompe primero sobre un plato para asegurar calidad; mantén constante esa temperatura ideal mientras riegas con cuidado hasta sacar tu creación justo cuando esté lista. El resultado será tan digno como cualquier plato servido en restaurantes galardonados con estrellas Michelin… ¡pero lo habrás preparado tú mismo!
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