¿Aburridas las sopas? Pruebe ese delicado velouté de guisantes y cambiará su opinión.
Pelar, lavar y cortar en daditos 4 patatas. Hervirlas con 200 gr. de guisantes congelados en 1 litro y medio de agua ligeramente salada.
Retirar, triturar en la batidora, pasar por el chino para filtrar cualquier impureza. Agregar 1 pote pequeño de nata espesa, triturar de nuevo, salpimentar a gusto y añadir 1 cucharadita de coriandre o cilantro machacado que aromatizará maravillosamente su plato. Servir tibio, acompañado de daditos de pan de campaña ligeramente tostados.
El Pisum sativum frecuentó esos lares mucho antes de nosotros. Parece que incluso, ciertos restos fosilizados datan de 10.000 años en latitudes asiáticas.
El llamado “Creciente Fértil” (zone irrigada por los ríos Jordán, Éufrates, Tigris y Nilo) lo cultivó hace 8000 primaveras. Ese delicioso manjar de la huerta declina un potente alfabeto vitamínico (A, B1, B2, B3, B6, C, E, K) y fue predilecto del rey «solar» Luis XIV, que plagó literalmente con su verde pasión la huerta real, donde él mismo lo cultivó. Más que una moda, fue un furor regio de tal envergadura que una emocionada Madame de Sevigné lo relata en mayo de 1696 en una de sus famosas Cartas.
Así sabemos que las distinguidas damas cenando con el monarca, después de degustar el “petit pois” en puré, paté, ensalada, potaje, cocido, crudo, salado, azucarado, nada más dejar la mesa bastante indigestadas, lo encontraban de nuevo en su dormitorio, en versión confitada y “bombonnière” de delicada porcelana. En la antigüedad y el medievo constituyó un alimento básico de la dieta europea. Hoy día, Canadá es el primer productor mundial de ese placer minúsculo la mar de divertido y salutífero.
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