Con casi toda la península en alerta «roja«, hoy confeccionaremos un postre en perfecta consonancia con esas temperaturas tropicales, a base de jugoso mango. A la sombra generosa de su árbol meditó el Buda sobre lo humano y lo divino.
Aparte de subir la moral por su fragancia peculiar, excepcional ternura y refrescante dulzura, lo que valió el moto de «melocotón de los Trópicos«, esa hidratante fruta está repleta de vitamina C, carotena o provitamina A, cuya cantidad aumente según su grado de madurez. Parca en calorías (60 Kcal./100g), riquísima en fibras y antioxidantes, es disponible todo el año. Sin embargo, de diciembre a febrero incluido disfrutaremos de los mejores ejemplares.
El mango es una de las estrellas frutales de la cocina criolla y se declina en miles de aplicaciones en su sabroso recetario dadas sus prolíficas cosechas. Intente armonizarla con postres achocolatados, mézclela con pistachos, frutos secos, especias, hortalizas y foie, se sorprenderá del grato resultado. Prueba esa deliciosa sugestión prevista para cuatro personas. Se hace en un santiámen y cero cocción, ya que nada menos apetece que permanecer ante los fogones con ese tremendo calor: pelar tres mangos tamaño XXL, laminarlos, triturarlos en la batidora con 100 gr. de queso mascarpone, igual cantidad de azúcar blanco cristalizado, ½ vaso de leche de coco y una pizca de canela en polvo. Verter en copitas o tacitas, refrigerar unas dos horas. Servir decorado con daditos de mango fresco, almendras, pistachos y adornar con lenguas de gato. Muy fresco y agradable, repetirá (o eso esperamos).
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