«Quien tiene la voluntad tiene la fuerza» (Menandro de Atenas, 342 a. C.-292 a. C.)
Cristalinos, fresquísimos, puros, de persistente fineza burbujeante, orlados de delicado sabor a ostra, toques de agrumas -limón confitado y bergamota-, los vinos oceánicos de EgiaTegia, de japonizante grafismo y tipo Txacolí, son ideales para degustar sushi y sashimi, acompañar las coloreadas tapas del aperitivo y armonizarse con el suculento adn gastronómico de lugar.
Son verdes elixires tan peculiares y audaces como su modélico «progenitor«, soñador-creador a dosis iguales y tiempo completo. Apasionado, pugnaz, luchador, esforzado y valiente, el carismático Emmanuel Poirmeur cree en la importancia de lo onírico y de hecho, la fuerza mágica de sus sueños condicionó toda su existencia. El Destino le inoculó el gusanillo de la perfección, palpable en su discurso claro, conciso y optimista. El resultado de sus incesantes esfuerzos y poder persuasivo es tanto una lección de virtuosismo enológico como un regalo para los paladares ansiosos de caprichos y deleites novedosos. Lo normal para ese creador de sabores, que tiene tatuada en el alma esa libertad de espíritu, innovación, amor a los espacios abiertos y de esa luz tan peculiar que baña el País vasco francés del cual es oriundo.
A sus tempranos nueve años, en la Playa de San Juan de Luz, anunció a su boquiabierto abuelo sus intenciones de replantar Santa Barba, colina situada enfrente de Socoa o la lindante colina de la Rhune. Y tranquilamente, emprendió un vuelo planificado hacía su ilusión, entrando en viticultura como otros en religión, primero en el Instituto Nacional Agronómico de Paris Grignon y, después de muchas lunas y un despliegue profesional fulgurante en el mundo de la vid, siempre con la constancia como compañera de viaje y la perfección como meta, ese ilustrado trotamundo regresó a sus esencias -verbigracia a Socoa– para convertir en realidad su promesa infantil de fibra resistente, experimentar un proceso de vinificación inusual, usando el océano a modo de recurso energético.
El eureka surgió trabajando en Argentina sobre una temática peculiar: la efervescencia en cubas inmersas en medio marino. Con tenacidad indagatoria, Emmanuel decidió aplicar dicho método a su producción y dio alas a su utopía en 2007, estudiando la calidad de los suelos, los tipos de uvas idóneas para ellos, abrió las primeras parcelas y consiguió la patenta de vinificación debajo del agua. En 2008 colocó tres cubas a 15m de profundidad en la Bahía de San Juan de Luz, donde se reúnen las condiciones ideales para crear un vino efervescente natural: calidad peculiar de los flujos, fuerte presión, inercia térmica, movimiento constante, que disparando el gas carbónico, permitieron que Emmanuel logre su fogoso Santo Grial y los paladares gourmets una nueva experiencia. Así nacieron unas tres mil botellas de vino festivo, de finísima burbuja natural y perfil aromático distinto según las condiciones del medio ambiente, imposible de lograr en tierra.
Sus vides, que aparecen tal lienzo de gran belleza en la sana atmósfera de las verdes cumbres pirenaicas, (cinco hectáreas, 12.000 pies, 4h de vendimia) situadas entre Socoa y Urruña en un sitio clasificado de excepcional belleza, dominan la luminosa cornisa de fastuosa panorámica sobre la Costa vasca francesa, frente al rudo y fragoso Atlántico. Se componen de ugni blanco, Colombard y Chardonnay.
Vino de mar, cultura atípica y flamante zona vitícola, únicos en su género e irónicamente acogidos en sus principios por solitos detractores, agoreros y dubitativos ante ese electrón libre-, atraen con efecto cascada desde 2011 por su carácter pionero e innovador, cercano al bio, a más de mil viticultores de todas latitudes, personal afín a ese noble arte, gurús de menús «trendy«, pelotones de plumíferos intrigados y simpatizantes de Baco.
No es de extrañar pues, que el mediático y solicitado Emmanuel llamara su «chai» «Egiategia», es decir el «Taller de las verdades». La bodega, de atmósfera casi mística, una antigua reserva de pólvora datando del siglo XVII, sepultada y olvidada bajo el polvo de los siglos, es hoy magníficamente rehabilitada. Lógico para ese enólogo evolutivo, de trato amable y emocionalmente necesitado de una capsula pulcra vestida de claroscuro casi religioso, donde acomodar sus pensamientos, ecuación de perfección, agenda de vértigo y promesas de conquistas vinícolas venideras.
Después de esa instructiva visita y siguiendo el consejo del sabio Emmanuel, un paseo por el bonito puerto de Ciboure lleva al Restaurant Margot, metafórico de gran momento gastronómico (41, avenue du Commandant Passicot, 64500 Ciboure – Téléfono : 00 33 5 59 47 18 30, chez-margot@orange.fr)
Emmanuel Poirmeur
Domaine Egiategia
Teléfono: 00 33 611 15 62 90
contact@egiategia.com
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