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SIMORRA convirtió la pasarela de MBFW Madrid en un ejercicio de memoria y sensibilidad textil con su colección otoño/invierno 26/27. En una temporada que reivindica los códigos esenciales de la moda, la firma barcelonesa exploró la relación entre materia, lenguaje y tiempo, construyendo un relato donde cada prenda funcionó como una pieza narrativa en movimiento.
Las texturas, los volúmenes y las superposiciones marcaron el ritmo de un desfile de estética depurada y coherente.
Pero el instante más impactante llegó con un regreso inesperado: Inés Sastre volvió a desfilar tras dos décadas alejada de las pasarelas. La icónica modelo y actriz fue la encargada de abrir y cerrar el show, en un gesto cargado de simbolismo que reforzó el discurso de la colección.
Sastre apareció con un conjunto de chaqueta y falda asimétrica en blanco roto, seguido de un abrigo azul marino de largo extremo del que emergía una camisa roja. Sin artificios, con coleta baja y maquillaje mínimo, proyectó una elegancia serena y atemporal que conectó pasado y presente en un mismo gesto.
Su reaparición no solo marcó uno de los grandes momentos de la pasarela madrileña, sino que subrayó la esencia de SIMORRA: una moda que mira hacia atrás para reinterpretarse y seguir avanzando, entendida como un lenguaje vivo capaz de preservar la memoria mientras la transforma.
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