PRENSA Y PODER III/ ALFONSO ROJO

(Paul Monzón, desde Aranda de Duero).- Para Alfonso Rojo, uno de los ponentes del Curso de verano “Prensa y Poder” que este viernes 17 de julio finaliza en Aranda de Duero, la situación del periodismo, la prensa en su conjunto, es la de haber sufrido un “cataclismo”.

Antes de entrar en detalles sobre su exposición en este curso de verano, hablaré un poco de él porque aparte de ser colega, le conozco desde principios de la década del 2000 y puedo decir que es uno de los pocos periodistas que admiro –y que no suene a peloteo- porque es un periodista de raza, de vocación. Para que se entienda: los que viven por y para el perIodismo.Y de esos hay pocos.

Un año después de los ataques terroristas (o auto-ataque) que acabó con las Torres Gemelas de Nueva York, yo editaba “Visión Hispanoamericana”, un periódico en papel dirigido a los latinoamericanos residentes en España, el cual -aparte de gratuito- era distribuido mensualmente. Un día buscando temas interesantes para la siguiente edición (aparte de los correlatos de los inmigrantes en la Península Ibérica), compré un libro titulado “Reportero de Guerra”. Autor: Alfonso Rojo.

Tras leerlo de un sopetón, creí que sería interesante entrevistarle y así plasmar su experiencia periodística en “Visión”. Contacté con él y quedamos en que me concedería una entrevista.

Por aquel entonces Alfonso Rojo era director adjunto del diario “El Mundo”, y como reportero de guerra siempre estaba ausente de España. Pero gracias a la magia del móvil de tanto en tanto le llamaba y le preguntaba:

-Hola, Alfonso, soy Paul, ¿cuándo hacemos la entrevista?
-Hola, Paul, me encuentro en Afganistán. Cuando regrese a Madrid te doy un toque”.
–Ok.

Y así pasaban los meses y yo me preguntaba dónde demonios estará este tío. Y marcaba su número: “Hola, Alfonso…”
– Estoy en la frontera entre Afganistán y …”.
– Bueno, te llamo otro día”
– “No, no, habla, que hoy no ha caído ningún zambombazo y hay un aburrimiento de tres pares de…”. Y blablablá.

Hasta que tiempo después le llamé y…¡Bingo!

-Estoy en Madrid, me voy mañana. Si vienes ahora te doy la entrevista. Tienes media hora. Y colgó.
-¡Allá voy! (Creo que ni me escuchó)

Como un poseso pillé la cámara y grabadora, y en un taxi salí pitando rumbo a su casa. Me contó todas sus movidas periodísticas fruto de patearse, cual perro sin collar, medio mundo.

Dice Arturo Pérez Reverte en su libro “Territorio Comanche”, que el eterno dilema del reportero cuando está en territorio comanche (el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta. El lugar donde los caminos están desiertos y las casas son ruinas chamuscadas; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos mientras escuchas el ruido de tus pasos sobre los cristales rotos. Territorio comanche es allí donde los oyes crujir bajo tus botas y aunque no ves a nadie sabes que te están mirando. Donde no ves fusiles, pero los fusiles sí te ven a ti) es que si estás demasiado lejos no consigues una buena imagen, y si estás demasiado cerca no te queda salud para contarlo.

Eso es lo que le pasó a Rojo durante la revolución sandinista en Nicaragua, que por adentrarse en territorio dominado por el «Frente Sandinista» liderado por el Comandante “Cero”, se metió donde las patatas queman y cayó detenido por la Guardia Nacional de Nicaragua del dictador Anastasio Somoza.

El entonces enviado especial del Diario 16 salvó de que lo “desaparecieran” tras saltar de un camión en marcha y pedir auxilio a un grupo de periodistas extranjeros que por casualidad se encontraban a la entrada del pueblo de Estelí. Los soldados, muy cabreados, lo inflaron a culatazos, pero no pudieron evitar que los reporteros inmortalizaran con sus cámaras la tunda que le estaban propinando. Esas fotos dieron la vuelta al mundo y terminaron por salvarle la vida.

La entrevista, de tanto en tanto, era interrumpida por su pequeña hija que lloraba y le pedía cosas a su padre. Y yo me decía a mi mismo: “Joder, después de tanto tiempo buscando esta entrevista y la niña me la revienta”. En fin, algo más para contar. Pero me fui contento. Soy muy persistente, de pesadilla, cuando busco algo.

Un tiempo después, entre mis múltiples oficios para sobrevivir en España, me encontraba editando una revista en papel cuché dirigida al target latino llamada Magazine Primera Plana, la cual era pagada por una multinacional de envío de dinero. Y un día se me ocurrió llamarle para pedirle sus datos con la intención de enviarle un ejemplar, y él me dice: “¡Deja el papel, deja el papel, el futuro está en internet, en internet!

Para entonces, de internet lo único que sabía era el nombre de mi correo electrónico del cual olvidé, quizá por alguna chorrada, la contraseña quedándome huérfano y desconectado del mundo exterior.

Mi hermano menor, que es un crack de la informática, llegó en mi auxilio y me dio un cursillo super-intensivo (con beca) y montamos Primera Plana en digital.

La multinacional, aparte de espetarme de qué coño era eso de digital, no quiso reconocer ni un céntimo y me tuve que tragar los gastos. Pero me dije a mi mismo: “Espero que Rojo no se equivoque porque me acabo de gastar una pasta entre viajes trasatlánticos y rollos”. Y no se equivocó. Desde entonces todo lo que hago es en digital.

Hoy en día los medios en papel están agonizando y lo digital se ha impuesto. Pero la crisis económica se ha cebado con los medios de comunicación. Las razones del descalabro el director de Periodista Digital las resume así, sin pelos en la lengua. A su estilo. Me he tomado la libertad de trascribir su discurso íntegro porque vale la pena enterarse lo que se cuece hoy en día en los medios de comunicación.

Alfonso Rojo:

“Yo creo que la prensa en su conjunto, los medios de comunicación, sobretodo el negocio periodístico no está en crisis. Yo creo que ha sufrido un cataclismo. Y les voy a explicar la pequeña diferencia que hay entre crisis y cataclismo.
Crisis hubiera sido que a las 14: 30 horas cuando yo salgo desde Madrid hacia Aranda, subiendo el puerto, pincho una rueda, me tengo que bajar a cambiarla, no sé cómo cambiar la rueda, no sé a quién llamar para que me eche una mano, esta chaqueta que acabo de estrenar la mancho de grasa. Al final paran algunos, me echan una mano, me cambian la rueda y yo en lugar de llegar aquí a las 16:00 horas llego a las 18:15 cuando esto ya estaba casi terminado, pero me siento aquí y participo. Es una crisis y se resuelve.

¿Qué es un cataclismo? Un cataclismo es cumplir 75 años. Es decir, tú cumples 75 años, te pones la chaqueta muy bonita, tomas unas pastillas muy estupendas, dices que vas a jugar al golf, pero ya nunca vuelves al estado anterior, ni tiene nada que ver por muy deportista que seas como cuando tenías 25 o 30, nunca puedes volver al estado anterior.
Yo creo que los medios de comunicación no están en una crisis que sea algo temporal de la que puedan salir, están por lo menos en el momento presente, en un completo cataclismo. No sabemos qué tipo de negocio va a ser, cómo va a ser, adónde nos van a llevar y qué relación van a tener con los ciudadanos.

¿Por qué motivo? Yo veo varias causas de que los medios de comunicación, la prensa en concreto esté en crisis. Uno de ellos es de naturaleza económica, pero no sólo eso. No es sñolo la crisis económica general que ha afectado casi todo y que ha sido muy larga, hay otros factores que han afectado de forma grave, irremediable, yo creo que irrecuperable a los medios de comunicación, a la prensa escrita sobre todo y a los demás medios.

Uno tiene que ver con el objeto sobre el que nosotros trabajamos: las noticias. Y hemos pasado súbitamente en el espacio de 20 años de una sociedad donde la noticia era escasa a una en que es superabundante.

Todos ustedes, o los que tengan una cierta edad, se acordarán que antes llegaba a Aranda uno que estaba de inmigrante en Suiza, bueno hace treinta años, y se formaba un corrillo para que el que estaba de emigrante en suiza, que venía con un coche mercedes viejo te contase cómo se vivía en Suiza, y la gente se perdía media mañana en escuchar lo que contaba de Suiza. Ahora ya puedes venir de Pernambuco que no se pondrá nadie a perder un minuto a que te cuente que ocurre en Pernambuco ni en ningún otro sitio, porque sabemos lo que pasa en Suiza.

Ninguno de ustedes ha comprado, estoy casi seguro, el periódico esta mañana. Uno o dos. Seguramente. De todos los que estamos aquí, y somos muchos. Probablemente ninguno se ha plantado frente al televisor a ver qué informativo daban o qué daba el informativo. Ni siquiera se han preocupado por poner un informativo de radio para ver qué dicen el de la Cadena Ser y sin embargo todos ustedes ya saben que en Grecia lo están pasando muy mal, que Tsripas metió la pata, que los iraníes han firmado un pacto por este tema nuclear, para no desarrollar las armas, y sabrán que Carmena dijo en Madrid que iba a poner un impuesto a los cajeros automáticos y luego ha dicho que no. Saben prácticamente todo lo que está.

¿Qué es lo que ha ocurrido? El bien sobre el que nosotros trabajamos que es la noticia es tan abundante que su valor, como es lógico, por las leyes económicas, ha caído. Si aquí en Aranda, que e3s una ciudad lechera, digo lechera porque vive también de la leche, si la producción de leche sube de forma espectacular, el precio de la leche baja. Lo mismo ocurre con las noticias. Es un factor al cual todavía no hemos sido capaces de hacer frente pero que está afectando a nuestro propio negocio.

El segundo es el papel de los periodistas. Los periodistas y los medios de comunicación históricamente han sido los guardabarreras de la información. Si uno era de La Coruña y se casaba y no salías en las páginas de hueco grabado de la Voz de Galicia podías seguir soltero. Si eras de Granada y te morías y El Ideal no te sacaba en las “esquelas” podrías seguir vivo para la inmensa mayoría de los granadinos.

Ahora da igual que no te publique nada el Norte de Castilla, que no te publique nada tuyo El Ideal, La Voz de Galicia, o El País o El Mundo o el ABC, las noticias llegan. Nosotros los periodistas hemos dejado de ser aquellos que controlan en forma férrea la información.

El affaire amoroso que tuvieron Kennedy y Marilyn Monroe, que lo conocían los periodistas, no lo conoció nunca la sociedad norteamericana. Se supo años después cuando ya había sido asesinado John Kennedy y había muerto por sobredosis Marilyn Monroe. Ahora sería imposible.

Ahora no hay nada que se pueda hacer porque las cosas llegan sin que los periodistas puedan pararlas o decidir lo que va. Eso quita valor al periodista como tal y quita valor y peso a los medios de comunicación.

Un tercer elemento que tiene que ver con la crisis económica es la publicidad. Los medios de comunicación en su conjunto viven de los anuncios, de la publicidad, y de repente los anunciantes han descubierto que no tienen que ir a los medios de comunicación para llegar a la gente. Una gran empresa que es Inditex que gasta cero en publicidad. Inditex, los de Zara, todas estas marcas no hacen ningún anuncio y sin embargo todos conocemos lo que hacen, todos conocemos lo que sacan, todos conocemos la marca.

El cuarto factor, es que los grandes personajes del planeta, los que deciden desde artistas, ejecutivos a instituciones a políticos, han descubierto que pueden llegar directamente al público sin pasar por el periodista. No es lo mismo, sí es mejor que cuente lo tuyo un periodista a que lo cuentes tú, pero lo han descubierto.

¿Pero todo este panorama qué es lo que conforma? Conforma una realidad que para nosotros, los periodistas, es menos intrigante que preocupante. Es decir, ¿de qué vamos a vivir o cómo se van a poder financiar las grandes empresas periodísticas? Los periódicos de papel ya hemos visto que no tienen manera, que su futuro más pronto que tarde es a reducirse en tamaño, reducirse en número, hay cada vez menos gente y cada vez menos capital.

Cuando yo estaba hace treinta años en Diario 16 y hace 25 o 20 en El Mundo el periódico te podía mandar a Haití y había un terremoto y tú salías de aquí, cogías un avión a Santo Domingo. Como estaban cerrados los aeropuertos en Haití, tú alquilabas un taxista que te llevaba hasta la frontera con Haití. Allí tenías que negociar con otro del otro lado. Cuatro días después llegabas a Puerto Príncipe, hacías unas fotos y luego tenías que irte al aeropuerto más cercano a los tres o cuatro días, le dabas los paquetes a una monja que te llevaba los carretes a España, los revelaban aquí y días después publicabas la historia.

Ahora hay un terremoto en Haití y cualquier negro de Le Saline, que es el barrio más pobre de Haití, con un aparato como éste (señala su móvil) hace así y tres minutos después está en youtube y lo ha visto todo el mundo.
Yo al entrar aquí, no me acuerdo quién era, nos hicimos una foto y me dijo: “Ya está en Málaga” y no había terminado yo de recuperarme del fotazo que me hicieron. Eso hubiera sido inimaginable antes.

Eso ha cambiado las reglas del juego.

¿Qué cosas han ocurrido en el periodismo que afecta mucho al mundo rural? La in formación periodística ha dejado de ser patrimonio exclusivo de las grandes ciudades, de ser un fenómeno urbano. Antes lo que es el periodismo llegaba a las áreas rurales de dos formas:

Cuando hubo televisión que eso es relativamente reciente. Por la televisión y por el periódico que estaba en el bar y dos que compraban el periódico. Ahora no. Ahora internet y las nuevas tecnologías nos permiten llegar a todos los sitios.
Dicho esto, para concluir, ¿adónde vamos? Bueno, mi impresión es que el mundo del periodismo va a un periodismo cada vez más reducido en medios económicos, cada vez más minoritario en lo que se refiere a quienes controlan y hacen el periodismo, y cada vez peor pagado.

Y consecuencias que tiene en lo que se refiere a la relación con el poder, y con eso termino: la única manera que tienes de ser libre en la profesión es ser rentable económicamente. Es la única manera que hay. Es la única. No existe otra. Y si tú no tienes un negocio en el mundo del periodismo que es rentable, que gane dinero y pueda pagar las facturas, no tienes posibilidad alguna de ser libre. El panorama para mi está bastante negro. Muchas gracias.

Sigueme en Twitter: @monzonpaul

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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