Llegar al Valle de los Reyes es como adentrarse en un sueño antiguo, uno en el que el tiempo parece haberse detenido bajo el sol abrasador de Egipto.
Recuerdo la emoción que sentí al bajar del minibús que nos llevó, junto a otros visitantes, desde el centro de interpretación hasta el corazón de la necrópolis. El aire era seco, las montañas de piedra caliza se alzaban como centinelas y, a cada paso, sentía el peso de la historia bajo mis pies.
Había esperado años para este momento: visitar la tumba de Tutankamón, el faraón niño cuya muerte prematura lo convirtió, irónicamente, en el más célebre de todos los reyes egipcios. Tras comprar la entrada especial -algo más costosa que la de otras tumbas del valle-, me dirigí hacia la discreta boca de la tumba KV62, sabiendo que iba a encontrarme con algo único.
Tumba de Tutankamón. Foto: Ileana Escudero
La entrada es modesta, casi oculta entre las demás tumbas. Descendí por una escalera de dieciséis peldaños, siguiendo el mismo recorrido que Howard Carter y Lord Carnarvon hicieron en 1922, cuando descubrieron el primer escalón cubierto de escombros y, tras semanas de trabajo, accedieron a la tumba intacta del joven faraón27. Me detuve un momento, imaginando la emoción de Carter al asomarse por la pequeña abertura y pronunciar su célebre frase: “Veo cosas maravillosas”.
El pasillo descendente me llevó a la antecámara. Las paredes, sorprendentemente, carecen de decoración; no hay los jeroglíficos ni escenas coloridas que abundan en otras tumbas reales. Carter la describió como “un caos organizado”, y no me cuesta imaginarlo: en su día, aquí se amontonaban camas funerarias, carros desmontados y cientos de objetos destinados a acompañar al faraón en su viaje al más allá. Hoy, la mayoría de estos tesoros están en el Museo Egipcio de El Cairo, pero aún se respira el aura de misterio y grandeza.
El arqueólogo Howard Carter y el sarcófago de Tutankamón
Avancé hacia la cámara funeraria, el corazón de la tumba. Es una sala pequeña, mucho más modesta que las de otros faraones, pero con una atmósfera cargada de historia. Las paredes, pintadas sobre un fondo amarillo oro, muestran escenas del Libro de los Muertos: Anubis, Isis, Hathor, Nut y el propio Tutankamón guiado por Osiris. En la pared izquierda, el visir Ay realiza el ritual de la apertura de la boca, un detalle que me recordó la urgencia y la improvisación con la que se preparó el entierro del joven rey.
En el centro de la sala, bajo la atenta mirada de la diosa Nut pintada en el techo, se encuentra el sarcófago de cuarcita roja, rodeado por cuatro capillas de madera recubiertas de oro, encajadas una dentro de otra como cajas chinas. Dentro, tres ataúdes antropomorfos -el último de oro macizo- protegían la momia de Tutankamón, cuyo rostro aún descansa bajo la famosa máscara funeraria, aunque esta última se exhibe en El Cairo, y proximamente en el Gran Museo Egipcio que será inaugurado a principios del próximo mes de julio.
Ver la momia de Tutankamón, aún en su tumba, es una experiencia sobrecogedora. El cuerpo pequeño y frágil, envuelto en vendas, parece aún custodiar secretos de hace más de tres mil años.
Me detuve unos minutos, en silencio, intentando imaginar la vida de aquel joven convertido en dios, y la conmoción que debió suponer su muerte para la corte egipcia.
A mi alrededor, otros visitantes susurraban, algunos visiblemente emocionados. La sala es tan pequeña que apenas caben unas pocas personas a la vez, lo que contribuye a la sensación de intimidad y respeto. No hay tesoros a la vista, ni oro ni piedras preciosas, pero la presencia de la momia y las pinturas funerarias bastan para transmitir la grandeza y el misterio de la civilización egipcia.
Salí de la tumba con la sensación de haber asistido a un encuentro único con la historia. Afuera, el sol seguía brillando con fuerza, y el bullicio de los turistas contrastaba con el silencio solemne del interior. Pensé en la ironía de que Tutankamón, un faraón menor en vida, se haya convertido en el más famoso de todos gracias a la fortuna de su tumba casi intacta y al azar de la historia.
El Valle de los Reyes guarda muchos secretos, pero ninguno tan magnético como el de Tutankamón. Su tumba, pequeña y sencilla, es un recordatorio de que a veces la grandeza se mide no por el tamaño, sino por el eco que deja en la memoria de la humanidad. Y yo, al salir, llevaba conmigo ese eco, grabado para siempre en mi recuerdo.
Así sería el rostro del joven faraón
¿Qué extraños sucesos ocurrieron tras el descubrimiento de la tumba?
Los sucesos extraños vinculados al descubrimiento de la tumba de Tutankamón incluyen:
1. La muerte del canario de Howard Carter
El pájaro mascota del arqueólogo fue devorado por una cobra poco después del hallazgo, interpretado como un presagio. Las cobras eran símbolos protectores de los faraones en el antiguo Egipto.
2. La «maldición» de Lord Carnarvon
El mecenas de la expedición murió el 5 de abril de 1923 por una infección tras una picadura de mosquito en la mejilla, coincidiendo con una herida similar en la momia de Tutankamón. Su perra Susie falleció el mismo día en Londres, y El Cairo sufrió un apagón masivo durante su muerte.
3. Muertes posteriores de miembros de la expedición
En la década siguiente se atribuyeron 13 muertes a la maldición, incluyendo a personas vinculadas a la tumba. Algunas fuentes ampliaron la cifra a 27 fallecimientos por causas «inexplicables».
4. Fenómenos paranormales en sesiones espiritistas
Tras el descubrimiento, Tutankamón se convirtió en protagonista de comunicaciones mediúmnicas. Un caso en Praga (1929) describió una tempestad sobrenatural durante una sesión: ventanas rotas, estatuas egipcias destrozadas y una figura de bronce lanzada al patio, todo en menos de 35 segundos.
5. El mito de la advertencia en la tumba
Aunque no había inscripciones maldiciendo a los intrusos, se popularizó la idea de que una tablilla con una amenaza («La muerte tocará con sus alas…») fue ocultada por Carter. Los expertos confirman que nunca existió tal advertencia.
Datos clave:
▸ La momia de Tutankamón padecía malaria crónica y una enfermedad ósea, según estudios modernos1.
▸ Howard Carter, quien dirigió las excavaciones, murió 16 años después (1939) por causas naturales, desmintiendo parcialmente la maldición1.
▸ El interés esotérico por Tutankamón reflejó el auge del espiritismo en los años 1920, donde se le consideraba un «espíritu vengativo»
¿Cuánto cuesta la entrada a la tumba de Tutankamón?
La entrada para visitar la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes tiene un costo de 500 EGP por persona y se adquiere en la taquilla situada antes del ingreso al recinto. Además, existe una entrada general que permite el acceso a tres tumbas a elección —excluyendo la de Tutankamón— con un precio de 7,20 € para adultos y 3,60 € para estudiantes con acreditación.
Nustro agradecimiento a DUNAS TRAVEL por su importante apoyo, sin el cual no hubiera sido posible este reportaje.
Máscara de Tutankamón
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