Bañistas desconcertados, playas cubiertas de una masa parduzca y un olor persistente a descomposición. No es el guion de una película de catástrofes, sino la realidad que viven desde hace meses buena parte de los municipios costeros de Murcia, Valencia y Andalucía. La protagonista de esta invasión es la Rugulopterix okamurae, una alga de origen asiático que ha pasado de ser una desconocida a convertirse en el quebradero de cabeza del verano mediterráneo.
A día de hoy, 1 de septiembre de 2025, la situación dista mucho de estar bajo control. El alga, que llegó a nuestras aguas hace apenas una década —probablemente transportada en las aguas de lastre de barcos procedentes de Asia—, ha encontrado en el Mediterráneo una autopista para su expansión. Su capacidad para colonizar tanto las profundidades como la superficie la ha convertido en una auténtica pesadilla para el ecosistema, los pescadores y, por supuesto, la industria turística.
El impacto: del fondo marino a la economía local
No se trata solo de una cuestión estética. Rugulopterix okamurae compite ferozmente con las especies autóctonas, desplazando a algas y plantas esenciales como la posidonia, auténtico pulmón verde del Mediterráneo. Esta pérdida de biodiversidad afecta a peces y crustáceos que dependen de estos hábitats, obligando a algunos a migrar y dejando a otros sin alimento ni refugio.
En la superficie, el problema se traduce en toneladas de biomasa acumulada en las playas: solo en Tarifa se han retirado más de 40.000 toneladas en los últimos años. Esta materia orgánica, al descomponerse, genera un olor poco apetecible que se percibe a cientos de metros y disuade a los visitantes, con el consiguiente golpe para el turismo local y los comercios de la zona.
Los costes de limpieza se disparan y los vertederos locales, saturados, obligan a buscar soluciones imaginativas. La pesca artesanal también acusa el golpe, con capturas menguantes y redes saturadas de algas en lugar de pescado.
Soluciones a debate: ¿biomasa, camisetas o compost?
Ante la magnitud del problema, la Junta de Andalucía ha propuesto reciclar el alga como biomasa, compost o incluso pienso para animales. Sin embargo, los expertos advierten: el proceso requiere un tratamiento previo para eliminar posibles toxinas y no está exento de riesgos ambientales. Otras iniciativas, como la fabricación de camisetas con fibras de alga impulsada por el Real Betis dentro de su campaña Forever Green, buscan al menos aprovechar el problema para concienciar y reducir el impacto visual en los arenales.
Mientras tanto, científicos y técnicos insisten en la necesidad de reforzar el control sobre las especies invasoras en puertos y gestionar con mayor rigor las aguas de lastre, auténticos caballos de Troya de la biodiversidad marina.
Curiosidades científicas y datos sorprendentes
La historia de Rugulopterix okamurae está repleta de anécdotas y detalles fascinantes que demuestran la capacidad de adaptación —y el poder destructivo— de las especies invasoras:
- Esta alga puede prosperar tanto a 50 metros de profundidad como en la superficie, adaptándose a distintos niveles de luz y temperatura.
- El aumento de la temperatura del mar, favorecido por el cambio climático, ha acelerado su proliferación, en un fenómeno conocido como “tropicalización” del Mediterráneo.
- En algunos puntos, la acumulación de algas ha obligado a los ayuntamientos a organizar auténticas “operaciones de rescate playero” para mantener las playas transitables, retirando hasta 90 toneladas en una sola semana.
- Científicos han identificado en el laboratorio compuestos de la alga que podrían tener aplicaciones en la industria farmacéutica o cosmética, aunque de momento su toxicidad limita su uso.
- Para combatir la saturación de vertederos, se han planteado usos tan curiosos como la fabricación de papel, envases biodegradables e incluso hamburguesas vegetales (aún en fase experimental).
- El Real Betis, siempre innovador, ha lanzado camisetas hechas con residuos de alga para sensibilizar sobre la importancia de proteger el ecosistema marino.
- El Mediterráneo alberga ya más de 1.000 especies invasoras, muchas llegadas por el Canal de Suez o en los cascos de barcos, transformando radicalmente la fauna y flora locales.
La batalla contra la Rugulopterix okamurae continúa en las costas españolas. Y, como suele ocurrir en la ciencia, la mejor arma es el conocimiento… y, a veces, una camiseta ecológica con mensaje.
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