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Carta a Abú Musab al Zarqaui, «El Decapitador»

Periodista Digital 08 Oct 2005 - 12:28 CET
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El Pentágono ha revelado que dispone de una carta escrita por Aymán al Zauahiri, el fanático médico egipcio que ejerce de Número 2 de Al Qaeda, en la que advierte al grupo terrorista en Irak de que los ataques contra las mezquitas y los asesinatos de rehenes pueden causar la pérdida del apoyo de «las masas musulmanas«. Y ayer, el principal decapitador de Mesopotamia y responsable de esa táctica, el Abú Musab al Zarqaui, en una grabación colgada en una web donde habitualmente reivindica sus tropelías, en terrorista jordano justifica el asesinato de civiles siempre que sean «infieles», lo que puede incluir a los chiíes considerados herejes por los suníes más radicales.

El portavoz del Pentágono, Bryan Whitman, ha explicado que la misiva de Zauahiri a Zarkaui fue confiscada por el Ejército de EEUU en una reciente operación antiterrorista, ejecutada en Irak.

The New York Times ha revelado que esa operación tuvo lugar en julio. Whitman ha explicado que la carta está escrita en árabe y no precisa si Zarqaui, el destinatario, había respondido con otra, aunque la cinta colgada ayer en internet puede considerarse una réplica.

«Zauahiri dice que han perdido muchos de los líderes clave, que se han resignado a caer derrotados en Afganistán, y que sus líneas de comunicación y financiación han sido gravemente deterioradas».

El Pentágono informó de esta carta el mismo día en que el presidente de Bush decía en un discurso que los radicales creen que controlando un país como Irak unirán a todos los musulmanes, para lograr su objetivo de derrocar a los gobiernos de la región y «establecer un imperio islámico radical que vaya desde España hasta Indonesia».

«La sangre musulmana no debe desperdiciarse, pero está permitido derramar la de los infieles», afirma Zarqaui en la grabación. «El islam no diferencia entre civiles y militares sino más bien distingue entre musulmanes e infieles«.

Los terroristas de Al Qaeda en Irak luchan contra los ejércitos de EEUU y el Reino Unido y sus aliados chiíes, y han matado a miles de civiles con sus atentados. El ala iraquí de la red de Osama Bin Laden ha declarado la guerra a los shiís, a los que considera traidores por negociar con el Gobierno de EEUU.

Tanto la cabeza de Zarqaui como la de Zauahiri tienen un precio para la Casa Blanca: 25 millones de dólares (20,6 millones de euros).

En lo que parece una prueba evidente de la tendencia a la guerra civil que adopta el conflicto iraquí, ayer, la policía iraquí entregó a sus familias los cuerpos de 22 personas hallados el día anterior en una localidad cercana a la frontera de Irán. Además, el Ejército estadounidense anunció haber matado a 29 insurgentes en las operaciones que desde el pasado miércoles lleva a cabo al oeste de Irak.

Los muertos en Badra, que fueron hallados atados y con disparos de bala, eran árabes suníes, según han revelado sus familiares. Líderes de esta comunidad acusan a la milicia Al Báder, vinculada a uno de los principales partidos chiíes en el Gobierno (la Asamblea Suprema para la Revolución Islámica en Irak, ASRII) de asesinatos de suníes en venganza por los atentados de los insurgentes, cuyos suicidas y coches bombas en mercados, comisarías de policía y transportes públicos se ceban sobre todo en los chiíes.

Ppara prevenir nuevos ataques terroristas en vísperas de la celebración del referéndum constitucional, el Ejército estadounidense ha desplegado a 4.800 de sus soldados y 4.200 iraquíes en varias operaciones a lo largo del valle del Éufrates, donde considera que los insurgentes tienen su feudo.

EE UU anunció en dos comunicados separados la muerte el jueves de seis marines, con lo que se elevan a 1.946 sus soldados que han perdido la vida en Irak desde la invasión del país en marzo de 2003. Cuatro marines murieron «al estallar una bomba artesanal cuando combatían cerca de Al Karmah», en la vecindad de Faluya. Los otros dos fallecieron en circunstancias similares en Al Qaim, cerca de la frontera siria.

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