La decisión -en apariencia inocente- de aumentar de forma espectacular los salarios a los miles de empleados que la United Nations Relief and Works Agency for Palestine Refugees tiene en Gaza, supondrá en la práctica un incremento también notable de los recursos financieros de los terroristas de Hamas. La medida se aprobó el pasado diciembre y empezará a notarse a partir de este 31 de enero, cuando los empleados de la UNRWA cobren sus nóminas.
La UNRWA es «el 2º mayor contratista» en la Franja de Gaza después de la Autoridad Palestina y el incremento aprobado oscila entre 7,5 y el 21%.
Sobre el papel, lo único que pretendía la ONU es que sus empleados locales cobrasen cantidades similares a las que perciben los funcionarios de la Autoridad Palestina, pero las cosas nunca son fáciles ene sta parte del mundo.
Como explican la doctora Rachel Ehrenfeld y la periodista Alyssa A. Lappen, la mayor parte de los empleados de la UNRWA en Gaza – el 90% de hecho – votó a Hamas en sus elecciones del 2003. Hamas también domina el comité ejecutivo, y controla 23 de los 27 puestos de representante de los trabajadores en los distintos sectores, como profesorado, secretariado, servicios, etc…
Hamas, al igual que su organización matriz, la Hermandad Musulmana, obliga a cada militante a entregar a la causa el 5% de su salario.
En otras palabras: la ONU -sin intención alguna- contribuye directamente al presupuesto de Hamas y acaba de aumentar su contribución entre un 7,5 y un 21%.
El 29 pasado de diciembre del 2005, el doctor Sallah Bardawilo -líder de Fatah en Gaza y candidato a las elecciones en el campamento de refugiados de Khan Yunis- se atrevió a denunciar en público que la campaña electoral de Hamas -que recibe contribuciones de varios países musulmanes- está financiada en buena parte con las tasas abonadas a los empleados de la UNRWA.
Israel exigió hace tiempo y repetidamente que la ONU despidiese a los empleados que son miembros de la organización terrorista de Hamas. Muchos de los terroristas y de los suicidas que han actuado durante los pasados años, eran empleados de la UNRWA, o procedían de campamentos e instituciones educativas regentadas y financiadas por la UNRWA. La ONU -como es lógico- niega las acusaciones.
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