Escribe Michelle Malkin que colocada sobre la mesa de su despacho está una de sus posesiones más preciadas:
Es una medalla de plata grabada con la inscripción «United in Memory: September 11, 2001», con una orgullosa águila americana en un lateral. En la otra cara, el recuerdo representa unos trabajadores saludando mientras despliegan una enorme bandera americana desde el tejado del Pentágono.
La medalla me la dio Debra Burlingame, hermana de Charles F. «Chic» Burlingame III, el piloto del vuelo 77 de American Airlines. Los secuestradores jihadistas que explotaron nuestra broma de sistema de inmigración empotraron el avión contra el Pentágono el 11 de Septiembre mientras gritaban «¡Alá ajbar!» Miro el recuerdo todos los días antes de escribir para recordar la fuerza, el valor y la perseverancia de esta nación.
Hace un par de semanas, el Pentágono difundía un vídeo del vuelo 77 de American Airlines estrellándose contra el edificio del cuartel general militar.
El Departamento de Defensa difundió las imágenes, grabadas por una cámara de seguridad del Pentágono, en respuesta a una petición sobre la Freedom of Information Act presentada por Judicial Watch, radicada en Washington, D.C.
Sé que la Casa Blanca no lo pretendía, pero la difusión del vídeo del 11 de Septiembre del Pentágono destaca el motivo por el que el respaldo del Presidente Bush al enfoque sobre la seguridad fronteriza «trabajador invitado» / implemente la ley después es tamaña traición a aquellos que fallecieron en los ataques.
Cuando los secuestradores del 11 de Septiembre Hani Hanjour y Jalid Almihdhar necesitaron ayuda para obtener carnets de identidad emitidos por el gobierno falsos antes de embarcarse en su misión suicida, se subieron a una camioneta y se encaminaron al parking de un 7-Eleven de Falls Church, Va. Ahí es donde cifras significativas de trabajadores ilegales se hacen con documentos de identidad falsificados para otros extranjeros ilegales de todo el mundo.
Como he destacado muchas veces, yo visité este 7-Eleven mientras informaba del tándem seguridad nacional-inmigración. Queda a un tiro de piedra del Pentágono, donde Hanjour y Almihdhar estrellaron deliberadamente contra el suelo el vuelo 77.
A fecha de hoy, el parking está lleno a menudo de trabajadores «indocumentados» a los que el Presidente Bush nunca omite elogiar por hacer los trabajos que los americanos no hacen (o «no están haciendo», como dice ahora evasivamente).
Los policías locales que he entrevistado sospechan que la mayor parte de estos hombres están aquí ilegalmente, y que continúan facilitando el comercio de documentos de identificación falsificados. Pero nadie les detiene. Como han demostrado las Marchas del Millón de Extranjeros Ilegales, somos una nación santuario de facto.
Uno de los extranjeros ilegales ese 7 de septiembre era Luís Alonso Martínez-Flores, un salvadoreño de veintiocho años que llevaba ilegalmente en Estados Unidos desde 1994. Se subió a la camioneta y dirigió a los jihadistas hasta una oficina cercana de DMV Express; obtuvieron carnets de identidad utilizando información residencial falsa proporcionada por Martínez-Flores. Esa información también fue utilizada en los formularios del carnet de identidad de otros dos secuestradores.
El extranjero ilegal gano 100 dólares. 184 personas pagaron con sus vidas.
Otros tres secuestradores se presentaron en una oficina de tráfico de Arlington distinta el mismo día en que Hanjour y Almihdhar se detuvieron en el imán de extranjeros ilegales el 7 de septiembre.
Al igual que con muchas oficinas de tráfico de todo el país, los extranjeros ilegales se congregan sin ocultarse. Victor M. López-Flores, que había sido deportado previamente por una condena de felonía pero que volvió ilegalmente, era uno de ellos.
Otro inmigrante ilegal y él llevaron a los secuestradores a una oficina del fiscal, donde ayudaron a los terroristas a obtener tarjetas de identidad de Virginia fraudulentas.
Mientras que algunos estados han endurecido los requisitos de los carnets de identidad, muchos otros aún permiten obtener el carnet de conducir a extranjeros ilegales.
El Departamento de Hacienda de Bush aprueba el uso de tarjetas de identidad consulares extranjeras exclusivamente para los extranjeros ilegales procedentes de México. Perú, las Filipinas o Guatemala claman también por el reconocimiento norteamericano a sus documentos de identidad postizos.
Casi cinco años después, trabajadores ilegales como los que involuntariamente asistieron a los secuestradores del 11 de Septiembre carecen virtualmente de miedo a ser detenidos.
En lugar de eso, esperan sus nuevas tarjetas de trabajador invitado «temporal» y eventualmente la ciudadanía americana en una tierra que ha perdido su memoria. Y la cabeza.
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