(PD/Agencias).- Cuesta calar a Sarkozy; de repente rescata a las azafatas españolas, como media con las FARC o se reúne con Gadafi. Con el libio mantiene una relación paternal -o colonial, según se mire- que le ha llevado a montar una tienda beduina en mitad del Elíseo como muestra de respeto a su huésped.
El presidente galo asegura que la visita no es de Estado, pero por los agasajos que prepara parece que se juega el puesto. En Lisboa, Sarkozy aseguró que Francia quiere marcar la pauta para sacar a Libia del aislamiento internacional.
La pasada semana Gadafi rompía su silencio para ofrecer una diatriba sobre el colonialismo y el riesgo a la inmigración en Europa; unos días después se conocía la polémica visita.
Y es que no hay nada como los tratados comerciales para aplacar las vanidades. Ya no es ningún secreto que Francia sigue vendiendo armas a Libia como no lo es tampoco que preparan contratos en materia nuclear.
No obstante, esta visita no ha sentado bien en el Gobierno francés. Bernard Koucher, jefe de la diplomacia francesa -y socialista-, ha advertido que no asistirá a la cena del lunes para mostrar su desacuerdo.
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