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Sadam Hussein pidió en su mazmorra casarse de nuevo para poder procrear

Periodista Digital 07 May 2008 - 08:56 CET
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(PD).- Sadam Husein pidió permiso a sus guardias estadounidenses para casarse de nuevo y así tener descendencia masculina que reemplazase a sus hijos y su nieto muertos, según confiesa el difunto dictador en los diarios que escribió en prisión.

En la segunda y última entrega de sus diarios publicada hoy martes en exclusiva por el rotativo árabe internacional «Al Hayat», Sadam reconoce haber hecho esa confesión a los médicos estadounidenses que le examinaban en prisión.

«El médico me puso el estetoscopio sobre el pecho y sobre la espalda, diciéndome que respirase fuerte… Lo hizo con cariño pese a su avanzada edad», escribió el dictador en uno de los cinco tomos de sus diarios.

Conservar el corazón

Sadam recuerda en sus escritos cómo el doctor se dirigió con delicadeza hacia él en inglés tras el chequeo y le dijo que tenía «un corazón fuerte y sano como el de un joven».

«Después de eso, le dije al médico y a quienes estaban a mi alrededor: ‘Que Alá conserve mi corazón y mi salud para ver a Irak victorioso y que sea fuerte para volverme a casar y tener dos hijos para llamarles Udai y Qusai (como sus dos hijos varones) y al tercero llamarle Mustafa (como su nieto)'».

Sadam estaba casado con Sayida Tulfah, con quien tuvo dos hijos y tres hijas, y también contrajo matrimonio en secreto con Samira Shahbandar, viuda de uno de sus oficiales. Ambas siguen vivas y fuera de Irak.

Sin embargo, como dejó claro en sus diarios, el dictador quería contraer un nuevo matrimonio para asegurarse la descendencia a través de un hijo varón.

El periódico ‘Al Hayat’ ha publicado los diarios personales de Sadam mientras estuvo recluido en el centro de detención Cropper, cerca del aeropuerto de Bagdad.

Condenarle «desde el inicio»

El dictador también explica en sus diarios que pedía que su ropa no fuese tendida junto a la de los militares estadounidenses, porque temía contagiarse de sida o de enfermedades venéreas.

Las fuentes estadounidenses explicaron a «Al Hayat» que el dictador no expresó quejas por el trato que recibió, y que sólo requería de sus custodios «puros habanos, patatas fritas y vestir el uniforme militar».

En los extractos publicados hoy, el dictador se refiere también a su negativa a ponerse en pie ante el presidente del Alto Tribunal Penal iraquí que lo condenó a muerte, el kurdo Rauf Rashid.

«La corte tenía la intención de condenarme desde el inicio, pese a la ley, que dice que el acusado es inocente hasta que se demuestre lo contrario», escribió Sadam.

«Habría sido mucho mejor que ellos (los jueces) se hubiesen vuelto contra los invasores y ocupantes norteamericanos, y hubiesen condenado las masacres, antes que violar las normas legales», dicen sus diarios.

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