Con un mensaje contundente transmitido por video, Katz aseguró que Israel continuará su ofensiva hasta lograr la liberación de los suyos, subrayando la determinación de su país en un conflicto que parece no tener fin cercano.
El acto, celebrado en conmemoración del primer aniversario de los ataques de Hamás del 7 de octubre, contó con la presencia de diplomáticos de naciones aliadas y miembros de la comunidad judía en Nueva York, así como familiares de los rehenes. Es comprensible que para quienes han sido directamente afectados por la violencia, las palabras de Katz representen una muestra de apoyo y compromiso, pero, ¿hasta qué punto las acciones de Israel pueden ser justificadas en nombre de la seguridad nacional?
Katz no dudó en alardear de los logros militares de Israel, como la eliminación del líder de Hizbulá, Hasan Nasrala, y la destrucción de gran parte de su arsenal. Sin embargo, al mismo tiempo, reconoció que la amenaza sigue presente, señalando a Irán como un agresor que, en días recientes, lanzó misiles contra Israel. La promesa del canciller fue clara: Israel responderá con fuerza y determinación para vencer a sus enemigos. Este lenguaje beligerante, aunque comprensible en un contexto de defensa nacional, puede interpretarse también como una escalada innecesaria que solo contribuirá a prolongar el sufrimiento en la región.
Por otro lado, el embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, aprovechó la ocasión para criticar duramente a la organización internacional. En su intervención, acusó al sistema de la ONU de haber fallado a Israel al no actuar de inmediato tras la masacre del 7 de octubre, y de mantenerse en silencio en un momento crítico. Además, expresó que, cuando finalmente se pronunció, no lo hizo en favor de la justicia, sino en contra del país que lucha por proteger a sus ciudadanos.
Las palabras de Danon reflejan una frustración que Israel ha manifestado en varias ocasiones respecto al sistema de Naciones Unidas, al que acusa de tener un sesgo en su contra. Sin embargo, su tono amenazante y su advertencia de que Israel alcanzará sus objetivos «sin importar las condenas ni los sesgos» pone en tela de juicio la voluntad de diálogo y colaboración en el ámbito internacional.
El gobierno israelí parece decidido a seguir adelante con su ofensiva en Gaza, y la pregunta es: ¿qué precio están dispuestos a pagar? En un escenario donde la diplomacia parece quedar en un segundo plano, los civiles —de ambos lados del conflicto— son quienes más sufren las consecuencias.
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