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De momento, el balance oficial es de 20 muertos

Un ciclón arrasa la isla francesa de Mayotte

El cielo gris y la humedad asfixiante parecen sellar el dolor de una isla que lo ha perdido todo. Mayotte, esa pequeña joya del Índico, yace desolada tras el brutal paso del ciclón Chido.

Paul Monzón 17 Dic 2024 - 01:28 CET
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«La isla está totalmente devastada», fueron las palabras que resonaron con la voz grave y contenida del ministro del Interior en funciones, Bruno Retailleau. No era una exageración. Lo confirmaban los paisajes desolados que se desplegaban ante él durante su visita. Chabolas convertidas en escombros, carreteras partidas en dos y rostros que mezclaban lágrimas con incredulidad.

El ministro habló desde Mayotte mientras participaba, de manera remota, en una reunión de crisis encabezada por el presidente Emmanuel Macron, quien permanecía en París. La gravedad de la situación lo llevará en los próximos días a visitar la isla y a decretar un duelo nacional. El gesto resulta simbólico, pero poco consuela a una población que, en este instante, solo piensa en sobrevivir.

Una tragedia imposible de calcular

Aún es pronto para contar a los muertos. «Necesitaremos varios días», admitió Retailleau, pero la certeza de un balance “muy duro” ya cuelga como un presagio inevitable. En Mayotte, donde gran parte de sus habitantes profesan la religión musulmana, los muertos se entierran en 24 horas. El rito, tan respetado como sagrado, dificultará aún más la tarea de determinar con exactitud cuántos se han ido para siempre.

Los números son aterradores: el 90 % de las viviendas afectadas, especialmente las «bidonvilles», esos conglomerados de chabolas que, frágiles ante el embate de la naturaleza, quedaron reducidos a polvo y restos de lámina. Las infraestructuras, ya precarias en tiempo de paz, están destruidas. Las carreteras y el aeropuerto, también heridos, dificultan la llegada de la ayuda. Mayotte es ahora una isla varada en su tragedia.

Agua, comida y un puente de vida

En medio del desastre, las necesidades son básicas pero urgentes: agua potable y alimentos. La crisis del agua, que ya era un problema crónico en la isla, se ha convertido en una verdadera emergencia. Las plantas potabilizadoras apenas alcanzarán el 50 % de su capacidad en las próximas 48 horas; llegar al 95 % tomará al menos una semana. Francia, consciente de la gravedad, ha movilizado un avión de transporte militar A400M que llevará exclusivamente agua mineral y comida, en vuelos cargados con 20 toneladas de esperanza cada vez.

Se ha habilitado un puente aéreo desde La Reunión, una isla a dos horas de trayecto, para centralizar la ayuda y trasladarla a Mayotte. El puerto, a pesar de los daños, sigue operando, lo que permitirá la llegada de barcos con contenedores de auxilio y materiales de construcción en los próximos días. Mientras tanto, el ruido de las aeronaves se ha convertido en el símbolo del esfuerzo humano por aliviar lo insoportable.

Hospitales colapsados y la urgencia de un techo

Los hospitales, también víctimas del ciclón, intentan recuperar su actividad, aunque solo podrán operar al 40-45 % de su capacidad en los próximos días. El jueves comenzará a funcionar un hospital de campaña, una medida que llega como un parche en una herida demasiado grande. Desde Francia se enviarán viviendas modulares y materiales para reconstruir lo que ahora parecen ciudades fantasma. La distancia entre Mayotte y la metópoli —8.000 kilómetros— hace que cada ayuda demore, pero no desespere.

La calma antes del toque de queda

Si algo preocupa a las autoridades es el orden público. Aún no se registran grandes incidentes, pero Retailleau advirtió que el prefecto de la isla tiene la potestad de decretar un toque de queda si la situación lo requiere. En una isla donde casi la mitad de sus 320.000 habitantes son inmigrantes irregulares, las alertas lanzadas por las autoridades no siempre llegaron a oídos atentos. Muchos no buscaron refugio seguro y, en consecuencia, hoy están desaparecidos o muertos.

François Bayrou, primer ministro, lo recordó desde su despacho en Pau. La presencia de tantos “irregulares de nacionalidad extranjera” hace que el balance de víctimas sea aún más complejo. “En la isla hay muchos que no están identificados”, sentenció.

Duelo nacional y catástrofe natural

De momento, el balance oficial es de 20 muertos, pero la sombra de una tragedia mayor se cierne sobre Mayotte. El prefecto, François-Xavier Bieuville, no dudó en ser crudo: podría haber “varios cientos de muertos”. Retailleau, por su parte, confirmó que se declarará el estado de catástrofe natural en las próximas horas. Pero en Mayotte, apenas un 10 % de los habitantes tiene seguro. La destrucción, en su mayoría, no recibirá compensaciones. Ante esto, el gobierno ya prepara un fondo especial de ayuda.

Macron, consciente del simbolismo que pesa sobre su figura, anunció que pronto viajará a la isla. “Me he asegurado de que todas las medidas de urgencia han sido adoptadas”, escribió el presidente en redes sociales. Mientras tanto, Mayotte, rota y herida, aguarda la reconstrucción entre lágrimas y silencio.

El futuro se siente lejano para los habitantes de esta isla francesa del Índico. El ciclón Chido se ha llevado todo: vidas, hogares y sueños. Lo único que queda en pie, por ahora, es la voluntad de sobrevivir. La isla clama por ayuda, mientras el mundo comienza a escuchar su grito.

 

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