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La estrategia arancelaria de Trump y su impacto global

Donald Trump sugiere que es «posible» llegar a un acuerdo comercial con China

La política exterior de la Casa Blanca tensan el comercio global y ponen a prueba las relaciones internacionales

Paul Monzón 21 Feb 2025 - 04:44 CET
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vuelve a la carga con su estrategia arancelaria y, entre amenazas e imposiciones, deja entrever la posibilidad de un nuevo acuerdo comercial con China. Sin embargo, detrás de estas declaraciones, se esconde una realidad menos optimista: el daño económico y diplomático que su política de tarifas está causando a nivel global.

Trump ha convertido los aranceles en su principal herramienta de presión para reducir el déficit comercial estadounidense. Su reciente decisión de imponer un 10% adicional a todos los productos chinos ha provocado la respuesta inmediata de Pekín con gravámenes del 15% al carbón y gas natural licuado, y del 10% al petróleo y otros bienes estratégicos. No es una estrategia nueva: en su primer mandato, el magnate también utilizó los aranceles como moneda de cambio para presionar a sus socios comerciales, con resultados cuestionables.

Ahora, con el telón de fondo de una economía global cada vez más interconectada, Trump insiste en un proteccionismo que ha demostrado ser un arma de doble filo. China, con un superávit comercial de 295.400 millones de dólares con Estados Unidos en 2024, sigue siendo un actor clave en la ecuación comercial. Pero lejos de doblegarse, Pekín mantiene una postura firme y aboga por el diálogo y el respeto mutuo, según declaraciones de su Ministerio de Relaciones Exteriores.

No solo China sufre el embate arancelario de Trump. México y Canadá, socios en el tratado T-MEC, también están en la mira, con amenazas de tarifas del 25% bajo el pretexto de la migración irregular y el tráfico de fentanilo. Además, el mandatario estadounidense ha puesto sobre la mesa la posibilidad de gravámenes del 25% al acero y aluminio de todos sus socios comerciales, una medida que podría desatar represalias y complicar aún más el panorama económico global.

El discurso de Trump sobre un «gran acuerdo comercial» con China suena más a una estrategia política que a una solución real. La economía mundial no necesita más barreras ni guerras comerciales, sino políticas que fomenten la cooperación y el crecimiento conjunto. Mientras el presidente estadounidense siga utilizando los aranceles como un arma de presión, el supuesto «gran acuerdo» seguirá siendo un espejismo, y la incertidumbre económica global, una constante.

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